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Día internacional del agua

Publicado en Noticias

El día 22 de marzo se celebra el Día Internacional del agua con el lema: Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano. Tiene por objeto poner de relieve y alentar a los gobiernos, las organizaciones, comunidades y personas a participar activamente para responder al desafío de la gestión del agua urbana. El agua es necesaria para la vida del hombre, los animales y las plantas. Es parte importante de la riqueza de un país; por eso debemos aprender a no desperdiciarla. 883 millones de personas, especialmente en los países del Sur, no tienen asegurado el acceso a este recurso.

En la resolución tomada por la Novena Asamblea del Concilio Mundial de las Iglesias, que se celebró en Porto Alegre, Brasil, del 14 al 23 de febrero de 2006, bajo el título de "Declaración sobre el agua para la vida", se afirma lo siguiente: "El agua es símbolo de vida, pues la Biblia afirma que el agua es la cuna de la vida, la expresión de la gracia de Dios como don a toda la Creación. Es condición básica de toda la vida sobre la tierra, y ha de conservarse en beneficio de todas las criaturas y de toda la Creación.

El agua es fuente de salud y bienestar y exige de nosotros, los cristianos, una acción responsable, como copartícipes y sacerdotes de la Creación. Como iglesias estamos en la misión de Dios de engendrar una nueva Creación en la que se asegure a todos vida en abundancia. Hay que denunciar y actuar cuando el agua que da la vida se halla amenazada de forma tan sistemática y generalizada."

Esta resolución dice así:

"Promover la toma de conciencia y adoptar todas las medidas necesarias para conservar los recursos, frenar el consumo excesivo y la contaminación, como parte integrante del derecho a la vida.

Desplegar esfuerzos de sensibilización para la elaboración de instrumentos y mecanismos jurídicos que refuercen el cumplimiento del derecho al agua como derecho humano fundamental a nivel local, regional, nacional e internacional.

Fomentar la cooperación de las iglesias y los interlocutores ecuménicos en los objetivos relacionados con la participación en la Red Ecuménica del Agua.

Apoyar iniciativas basadas en las comunidades, destinadas a potenciar a la población local para que regule de manera responsable los recursos hídricos, e impedir su explotación para fines comerciales.

Instar a los gobiernos y organismos internacionales de ayuda a que den prioridad y asignen suficientes recursos a programas encaminados a que las comunidades locales tengan acceso al agua y promover tanto sistemas como proyectos de servicios sanitarios adecuados, teniendo en cuenta las necesidades de las personas discapacitadas para que tengan acceso a estos servicios de agua dulce y sanitarios.

Para la mayoría de nosotros, el agua simplemente sale por el grifo, sin que le dediquemos un ápice de nuestro pensamiento. Junto con todas las demás fuerzas de la naturaleza, ha dejado de estar presente en nuestra conciencia, sin que la respetemos en absoluto. Entre la Tierra y su atmósfera, el agua permanece constante, sin que el planeta pueda ocultarle nada, en un círculo de infinitud que debería maravillarnos mucho más que cualquiera de nuestros logros tecnológicos. Como dijera William Ashworth, "como hijos nacidos en una cultura rica en agua, nunca hemos aprendido realmente cuál es la importancia del agua para nuestra vida. La hemos llegado a comprender, pero no a respetar."

Decididamente, el agua es el elemento más importante de nuestro maltratado planeta. Por extensión y por volumen, los océanos y los mares constituyen, no sólo el material más abundante de la Tierra, sino el que realmente da carácter a nuestro hogar cósmico.

Deberíamos considerar, cuando bebemos un vaso de agua, que estamos ingiriendo un líquido que nos ha llegado a través de peces, árboles, bacterias, gusanos del suelo del bosque, incontables organismos, incluidos muchos seres humanos, antes que nosotros, y que ha pasado por diferentes estados, hasta llegar a nosotros, desde quienes continuará su camino, en una proceso purificador diseñado a favor de nuestra vida y bienestar, sin acepción de personas.

En la Biblia el agua adquiere un significado simbólico de una enorme riqueza, a veces refiriéndose a la aflicción profunda que abate nuestra alma, y en otras ocasiones como signo de separación, limpieza y vivificación del espíritu del hombre.

Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno...(Génesis1:9ss)

"He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Orbe; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo." (Éxodo 17:6)

"El Señor en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas del mar." (Salmo 93:4).

"Porque el Señor Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la faz de la tierra." (1º Reyes 17:14).

"Palabra del Señor que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra del Señor, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? Dice el Señor. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel." (Jeremías 18:1‐6).

Los textos de la Biblia son preciosos. "Yahvé abrirá para ti los cielos para dar a su tiempo a la tierra la lluvia, su rico tesoro" (Deuteronomio 28,12). "Riegas los montes desde tu alta morada, con la humedad de tu cámara saturas la tierra; haces brotar hierba para el ganado, y las plantas para el uso del hombre" (Salmo 103,13-14). "Tú, oh Dios, riegas la tierra, la acequia de Dios va llena de agua, riegas los surcos, tu llovizna los deja mullidos, coronas el año con tus bienes" (Salmo 64,10-11)

Jesús se declara a Sí mismo como la fuente del agua de la salvación: "Quien tenga sed y cree en mí, que venga y beba". "Y esto lo decía del Espíritu Santo que iban a recibir los que creyeran en él" (Juan 7,37-39)

En el pozo de Jacob, le dice a la Samaritana: "Si tú supieras quién es el que te dice „dame de beber‟, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva". Y le añade: "Quien beba de esta agua, volverá a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que, como un surtidor, saltará hasta la vida eterna" (Juan 4,10-14)

Juan Pablo II pide a las personas consagradas, un nuevo y decidido testimonio de abnegación y de sobriedad, un estilo de vida fraterna inspirados en criterios de sencillez y de hospitalidad, para que seamos así un ejemplo también para todos los que permanecen indiferentes ante las necesidades del prójimo.(Vida Consagrada)

El agua potable de nuestro planeta decrece a pasos acelerados. Su demanda, en vista de la explosión demográfica, está en constante crecimiento. Estamos usando los recursos acuíferos del planeta mucho más rápidamente de lo que pueden recargarse.

Es necesario caer en la cuenta de que necesitamos una nueva mentalidad (y espiritualidad) y la creación de una nueva cultura ecológica. El mejor testimonio que podemos ofrecer a la humanidad los religiosos es un testimonio anticonsumista con una vida frugal y austera, ofreciendo al mundo en nuestra propia persona esa interpretación del evangelio auténtica y liberadora por la que está anhelando. Lo más importante, lo más urgente es inaugurar en nuestra sociedad una nueva forma de vida y consumo solidario y sostenible.

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