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Pascua

Publicado en Noticias

lavatorioSon tantos los gestos, los símbolos, las palabras cargadas de emoción, la fe profunda y el agradecimiento que experimentamos en estos días de Semana Santa, que no es fácil plasmarlos en un escrito.

En Jueves Santo nos conmovemos, recordando y celebrando el gran misterio de Amor de un Dios que se abaja para lavar los pies a los discípulos, invitándonos a que nosotros hagamos lo mismo;

un Dios cercano que se entrega, se hace Pan de Vida y se queda con nosotros. ¡Qué fervor y silencio se respira durante la Hora Santa, adorándole a Él! ¡Cómo brota en nosotros el deseo de estar con Él, acompañar su dolor y adorar su ausencia!

Los símbolos y los gestos nos van hablando de ese amor, de esa entrega, de esa cercanía que debemos tener frente al hermano que sufre, como Jesús en ese momento de soledad, de abandono de los suyos.

El Viernes Santo nuestro corazón se estremece de dolor al recordar el gran misterio de la Pasión. El gesto del sacerdote tumbado en el suelo nos pone en sintonía con lo que vamos a celebrar. ¡Qué gesto tan significativo y emotivo! Él, el sacerdote con Jesús, sacerdote y víctima, oferente y ofrenda, mediador con Él de todo de lo que acontece y, con Él, toda la Iglesia. Ante un acontecimiento así, no caben las palabras. El silencio es mucho más elocuente.

Celebrar la muerte, a simple vista, puede parecer una paradoja, pero no lo es. Porque la muerte que celebramos es la muerte de Alguien que con la entrega de su vida dignifica la nuestra y nos la da. De la muerte, de la cruz que causó tanto dolor, nos vino la salvación, la redención que se transformó en gran triunfo. ¡Gloriosa resurrección!

¡Ojalá que estas celebraciones de fe sean puente, sendero para llevar a Cristo dentro, para caminar con Él. Si no fuera así nada de esto tendría sentido.

El Sábado Santo no podemos olvidarnos de María, la Madre de Jesús, en su dolor. Junto al dolor de María recordamos y ponemos el de tantas y tantas mujeres que sufren por sus hijos, el sufrimiento que hoy rodea nuestro mundo y el de tantos que sufren en sus carnes la soledad y el abandono.

María, la Madre Dolorosa, no olvidemos que es también madre de la Esperanza y de la Alegría.
Y por fin llega la Pascua. En la celebración todo habla de la Vigilia Pascual: la oscuridad, el silencio, el dolor... desaparecen y surge la Luz, la Luz de Cristo. Nuestros corazones se estremecen de alegría con el sonar de las campanas, el canto del Aleluya y el aplauso caluroso de los creyentes y es que... ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo está vivo y la muerte muerta! Ya no hay lugar para la tristeza. ¡Cómo no saltar de gozo si la muerte ha sido vencida!

Celebremos esta Pascua al son de la música, los cantos, las campanas y la alegría de creer, porque ¡Cristo vive, ha resucitado!
¡Aleluya! Aleluya! Aleluya! ¡Feliz Pascua!

Carmen Hernández fsj

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