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Una parcela de tierra para vivir

Publicado en Noticias

Parcelas de  tierraLa parroquia de N. Sra. de Fátima, en el distrito municipal de Chiange, forma parte de la zona en que la sequía afectó seriamente a los habitantes, en su mayoría, pastores de ganado vacuno y bovino, que tuvieron que incrementar actividades alternativas de supervivencia.

La mayoría de los jóvenes tuvieron que emigrar a las grandes ciudades y afuera de este sencillo lugar. Estos jóvenes, en buena parte casados, dejaron a las mujeres e hijos con el objetivo de conseguir trabajo y poder dar de comer a sus familias.

Desgraciadamente, no consiguen contratos permanentes, solamente precarios, y por poco el tiempo, agotando poco a poco el escaso dinero, viviendo de esquemas de un submundo de supervivencia, en las calles, en la mendicidad y a veces en el pecado, o incluso en el esclavo trabajo.

Las mujeres, con quienes más contacto tengo, son un grupo minoritario, no tienen visibilidad, y no pueden utilizarla por causa del factor de exclusión que alcanza a los grupos étnicos minoritarios particularmente.

Fue en ese contexto en el que el grupo de mujeres de la Promoción en la Iglesia (PROMAICA), empezó dando pasos pequeños pero firmes en la visualización para la obtención de sistemas agrícolas, a largo plazo, en vistas a superar la crisis alimentaria. De este modo, la parroquia prefirió hacer opción por las tecnologías de bajo costo, para obtener agua para regar parcelas familiares. Cada mujer, especialmente las
más excluidas y sin medios, (viudas, madres solteras, ancianas... consiguió un trozo de tierra para obtener alimentos para sí mismas y para su familia, en un momento en el que en África la mujer es principal productor de alimentos.

En este caso concreto, las mujeres están construyendo, con la ayuda de un ingeniero especialista en cuestiones hidráulicas y de riego, un pequeño dique para almacenar el agua y poder, al mismo tiempo, regar los terrenos tierras de abajo del embalse.

El anterior terreno de tres hectáreas se dividirá entre 30 mujeres que lo van a cultivar, con la asistencia técnica del especialista mencionado anteriormente. Los trabajos de excavación están muy avanzados y posiblemente, en menos de tres semanas acabados, abriendo así la posibilidad de que cada mujer pueda producir alimentos para sus familias.

En el terreno así preparado, se cultivarán, principalmente, yuca y batata, que son más resistentes a la sequía, y cuando estén cultivados, en menos de 120 días, se podrá matar el hambre de las familias.

Una vez que la parroquia tenga 12 experiencias de huertas, el espacio que se está preparando servirá para ayudar a multiplicar las especies que servirán para el cultivo de los restantes 11 huertos.

En cuanto la zona empiece a ser regada, producirá gran cantidad de alimentos para las familias locales y habrá excedentes que podrán ser vendidos para que cada familia pueda tener un poco de dinero y así satisfacer otras necesidades básicas de la familia como la compra de medicinas, el pago de las cuotas escolares de los niños y la compra de otros alimentos que son muy caros.

Por eso, la Parroquia agradece profundamente los donativos entregados para este proyecto y promete ayudar a las mujeres pobres y excluidas a hacer una gradual revolución verde y una verdadera explosión en la producción de alimentos ecológicos y ricos para consumo familiar.

Nuestro eterno agradecimiento, igualmente, para las Hermanas de san José Obrero (Hijas de San José) que ayudaron en la financiación, para que el mismo llegase hasta las manos de estas mujeres industriosas y creativas.

Que san José os inspire y ayude a promocionar a los más desfavorecidos.

Jacinto Pio Wacussanga, párroco de Ntra. Sra. Dos Gambos.

Posteriormente las Hermanas de Lubango que han apoyado este proyecto y se siguen interesando por el trabajo de las mujeres y su promoción el día 13 de enero visitaron los campos que cultivan las mujeres angolanas. Pudieron comprobar que el tanque para contener el agua de riego ya está terminado.

En ese momento, se encontraban en el campo todas las mujeres regando los cultivos que habían sembrado de mandioca, patata dulce y maíz. Como todavía no tienen una motobomba para subir el agua a los campos, las encontramos transportando desde el río cubos de agua en cadena, así que, poniendo manos a la obra, nos solidarizamos con su trabajo echándoles una mano.

Todas las mujeres están muy contentas de poder tener sus campos y cultivarlos para llevar el sustento a sus familias. También visitamos otro terreno, que lo van a dividir en parcelas para repartir una a cada familia.

En cada grupo hay una persona responsable que les orienta y sigue el proceso.

El párroco, también, está muy contento y agradecido por toda la ayuda que ha recibido a través de las Hijas de San José.

 

 

 

 

 

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