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142 años tejiendo Reino desde el Taller

Publicado en Noticias

"Como un grano de mostaza..." (Mt 13,31)Telar 888

Cuando la industrialización daba sus primeros pasos en España, Dios regaló a su Iglesia un nuevo carisma a través de Francisco Butiñá, un jesuita catalán que había nacido en Bañolas (Gerona) un 16 de abril de 1834.

Hijo de una familia de artesanos textiles, el 13 de febrero de 1875, con un grupo de mujeres obreras, ponía los cimientos del primer Taller catalán, hermano del Taller salmantino, que había comenzado su andadura el 10 de enero de 1874. Con ellos, se inauguraba en la Iglesia una nueva forma de vida religiosa: Las Siervas de San José. Hoy, Siervas de san José e Hijas de san José.

De la pluma del Obispo de la Diócesis, Dr. Isidro Valls, llegaba a Roma la noticia, solicitando permiso de oratorio y lo hacía en estos términos: "En una ciudad, de nuestra Diócesis, cuyo nombre es Calella, algunas jóvenes, bajo mi autoridad, comenzaron una piadosa congregación. Llevan vida común y de piedad, y, fomentan la industria cristiana, al estilo de las Siervas de San José de Salamanca que, pocos años antes, fueron aprobadas para vivir esto ,...1" Esta solicitud fue despachada favorablemente en la audiencia del 30 de junio de 18762.

Era una nueva Congregación, en la que no habría de existir Coro sino Taller. Para acceder a esta original forma de vida religiosa, solo se requería: "ser jóvenes, de buena índole, con fuerzas y voluntad de trabajar, aunque no tengan dote ni instrucción3.

Desde los orígenes, la palabra "Taller" sustituyó a la tradicional de convento, con la que se denominaba a las casas religiosas, indicando, así, dónde y cómo se situaba esta Nueva Fundación.

La novedad, que aporta la palabra "Taller," es la certeza de que Dios está en el trabajo industrial y fabril, en el trabajo manual, y que ahí se le encuentra, se le sigue, se le alaba y se le sirve con los hermanos del mundo trabajador pobre.

Francisco Butiñá comenzó su andadura vocacional con el brío y gozo de los veinte años, decidido a seguir a Jesús. Fue forjando su ser y su vida de forma unitaria e integradora a lo largo de toda su existencia. Dejó todo y descubrió, poco a poco, el rostro pobre de ese Jesús a quien seguía y con el que quiso identificarse, arrastrado por un gran amor. Cristo se le metió en el alma, como su único BIEN, su única riqueza. Él dio sentido a toda su vida.

Cuando Francisco Butiñá entró en la Compañía de Jesús, se llevó en la retina, para rumiar en el corazón, una realidad apasionante y comprometedora: el fenómeno de la industrialización catalana y la aparición de una nueva sociedad. Vio, también, las degradantes condiciones de trabajo y de vida en las que se hundía el proletariado, especialmente la mujer, y a la mejora de su situación dedicará su persona, su ciencia y su virtud.

La fundación de las Siervas de san José, es la concreción, la encarnación de su respuesta creyente a la situación de la mujer. El hilo de la fe refuerza el de la compasión y se entrelaza con ella.

Seguramente, como fruto de las meditaciones de la segunda semana de EE y de su experiencia en el taller familiar de Bañolas, Butiñá ve en el Taller de Nazaret el paradigma de la felicidad humana. Dios encarnado, fue un hombre de oficio y sus padres José y María, se ganaban el pan con el sudor de su rostro. Es el sudor, no el trabajo, el impuesto a pagar por la malicia humana. Pero el trabajo, de hecho, es la vida de la humanidad, es colaboración con la obra divina y medio de liberación también para la mujer.

Nazaret es el hogar de nuestra vocación. Resume el carisma de nuestro Instituto y condensa la espiritualidad que el P. Butiñá quiso infundir en las casas de la Congregación. Las casas de las comunidades josefinas, en el deseo y la intención de Butiñá, habrían de hacer presente el taller de Nazaret; serán soñadas como Talleres de Nazaret, espacio real de acogida de jóvenes y mujeres de inquietud espiritual y en dificultad económica y, al mismo tiempo, parábola para toda la comunidad obrera del mundo. 

El Taller habría de ser, a la vez coro, donde Cristo sería alabado, en medio del traqueteo de las máquinas, dando lugar a una nueva salmodia, que brotara del corazón de las trabajadoras y de las máquinas.

La vida de la Sagrada Familia, narrada una y otra vez; las 72 jaculatorias que, a lo largo de la semana, iban desgranando la vida de Jesús, Nuestro Bien, nutrían el ejercicio contemplativo durante el trabajo y, proclamadas cada media hora, durante la jornada laboral, invitaban a contemplar, servir y alabar al Dios, revelado en Jesús Obrero de Nazaret y encarnado en la entraña de la realidad cotidiana.

El trabajo es el medio en el que se debe forjar la santificación. Las josefinas nos comprometemos a "no cejar hasta conseguir la perfección, hermanando la oración con el trabajo". El trabajo nos identifica y es nuestro principal medio de evangelización.

Al Taller se entra a servir, como entró Jesús en Nazaret y en la historia. A las josefinas se nos llama, desde el principio, a hacer nuestro el himno a los Filipenses (Fil 2,5-11) como estilo propio de vida. Este es nuestro reto.

Como nos ha dicho el Papa Francisco, en la Jornada mundial de la Vida Consagrada de este año 2017, "somos herederas de los sueños y esperanzas de nuestros mayores, de nuestros Fundadores, que se animaron a soñar y, al igual que ellos, hoy queremos nosotras también cantar: Dios no defrauda. La esperanza en Él no desilusiona.

Dios viene al encuentro de su Pueblo y lo queremos cantar, adentrándonos en la profecía de Joel: "Derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y visiones" (3,1). Nos hace bien recibir el sueño de nuestros mayores, para poder profetizar, hoy, y volver a encontrarnos con lo que un día encendió nuestro corazón: Sueño y Profecía juntos".

Mª Pilar Marquínez fsj

1 Archivo Sagrada Congregación de Religiosos. Documentación de las Siervas de San José de Cataluña. G.28 . Cf. Instancia solicitud de permiso de Oratorio.
2 Archivo Sagrada Congregación de Religiosos. Documentación de las Siervas de San José de Cataluña. G.28 . Cf. Respuesta de la Congregación de Obispos y Regulares.
3 Carta del P. Butiñá A Dª Petra Irurzun, Viuda de Arsuaga, bienhechora de la Iglesia de Pamplona, que con el Obispo D. Antonio Ruiz- Cabal, y D. Modesto Pérez Aoiz, párroco de San Agustín, crea el asilo de huérfanas y desamparadas –una por cada una de los dieciocho arciprestazgos del Obispado en el Barrio de la Magdalena y llaman para atenderlo a las Siervas de San José de Gerona-Hijas de San José.
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