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Familia Josefina en Misión en el Chaco

Publicado en Noticias

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Del 3 al 12 de enero, animadores de los Grupos Nazaret y miembros de Talleres de Fontana, Itá y Fontana nos encontramos para vivir una experiencia de "Misión" en Fontana (Chaco- Argentina). El corazón está pleno por esta experiencia vivida, por la convivencia entre distintas culturas y edades, pero con la misma expectativa de vivir estos días como Familia Josefina, con intensidad y alegría, con el deseo de formar comunidad en misión, compartiendo un mismo objetivo: comunicar a Jesús de Nazaret y "en Nazaret".

Ha sido para todos una experiencia única y personal, pues la hemos vivido desde lo que cada uno podíamos dar, con mucha fe, amor y entrega. Jesús ha caminado con nosotros. Le hemos encontrado en cada casa adonde hemos llegado, en cada persona con las que hemos charlado y rezado, en la sonrisa que los niños nos han regalado... Gracias, Jesús, por regalarnos estos días para encontrarte y dejarnos encontrar por ti.

Todo es gracia: la vida de Nazaret, cotidiana y sencilla, nos ha convocado y nos alegrado el corazón. Hemos dicho: "Sí, Jesús. Somos familia, queremos vivir más entrega. Abre nuestro corazón, llénanos de tu luz. Contigo todo se allana. Gracias por encontrarnos con hermanos que están en el mismo camino, convencidos de que vale la pena ser buen instrumento para que CRISTO SEA CONOCIDO Y ALABADO en el mundo del trabajo y seguir construyendo juntos el sueño del P.BUTIÑA. Con alegría y esperanza:

Felipa hsj

 

3 de enero de 2019 es una fecha que siempre recordaremos jóvenes y adultos de Burzaco, Itá y Fontana. Fue el momento de encontrarnos, de sentirnos personas de dos países hermanos que nos uníamos con un mismo fin: el servicio a nuestro Creador y a nuestro prójimo.

Poco y nada nos conocíamos, por lo que la mayor dificultad, al principio, fue relacionarnos entre todos. Lo bueno fue superar esa dificultad y convertirnos en una Familia que ya no se quería separar. Durante los primeros días, los jóvenes vivimos la misión visitando a las familias, viendo sus realidades, compartiendo momentos únicos y charlas interminables.

Llegaba el 6 de enero, fiesta de Epifanía, recuerdo de aquellos tres Reyes Magos venidos del Oriente. La celebración se llevó a cabo en la Gruta de San Baltasar, bajo el cuidado de Doña Beatriz (72 años), una fiel creyente de este santo. Por la mañana, tuvimos una solemne misa y por la tarde compartimos con todos los niños del Barrio San Pablo. En nuestras pupilas han quedado grabados para siempre los rostros de felicidad de esos niños al ver al Payaso, cuyas sonrisas se agradaron, todavía más, a la llegada de los Reyes Magos con mucho regalos. Además, compartimos una rica merienda con todas las personas presentes en el lugar.

El 7 de enero compartimos varios momentos con los jóvenes y el 8, con los adultos. La lluvia, presente y amenazante durante varios días, no detuvo a los misioneros. Siempre recordaremos como Hermana Antonia nos animó diciendo "la lluvia es sinónimo de bendición". La verdad es que, realmente, nos sentimos bendecidos, ya que a causa de la lluvia, tuvimos que cambiar nuestros planes y Dios nos guió a la Residencia de Ancianos "San José", mientras que otros grupos fueron al Hospital, a los comedores del barrio y a diferentes Capillas que nos quedaban cerca. Y en todos estos lugares reconocimos y experimentamos la presencia de Dios en los niños, en los abuelitos y abuelitas, en las Capillas y en las personas del Hospital.

Iban pasando los días y el 11 de enero nos preparábamos para visitar a Nuestra Madre, la Virgen de Itatí, de ojitos negros y tez morena, correntinita, Madre de Dios, que con sus manitos de timbó nos recibía en su casa, donde nos sentimos protegidos por su manto azul de Ñandutí.

De esa manera íbamos cerrando nuestra semana de Misiones. Nunca olvidaremos todo lo vivido en cada casa, barrio, familia, hospital, capilla. No hay manera de agradecer a los que nos recibieron, a la Familia de Nazaret de Fontana que nos brindaron todo lo que cada uno necesitaba: techo, cama, cariño, diversión...

¡Cómo olvidar las ricas comidas, preparadas por Hna. Pabla y algunas señoras, que cada día nos servían!
Llegaba el momento más difícil: el despedirse. Cada persona, con lágrimas en los ojos, agradecía todo lo compartido. Creo que más de uno no quería que las Misiones acabaran.

Intercambiamos palabras de aliento y abrazos, de esos que te motivan a seguir sirviendo al prójimo y a hacer muchas más cosas por tantos hermanos que necesitan ayuda.

En ese momento, el cariño que nos unía se hizo más fuerte, se formaron lazos que prometimos nunca soltar y, mediante esos lazos, servir a nuestro Creador en el lugar donde nos toque estar.
Creo que la mayor enseñanza recibida es descubrir diferentes realidades, nunca olvidar que hay hermanos que sufren peores condiciones y momentos que nosotros y, aún así, siguen adelante. Por eso, nunca podemos olvidarnos de agradecer todo eso que Dios nos regala en nuestro día a día, así como agradecer a Jesús, José y María que delegaron en nosotros este tan hermoso y humilde servicio.

Sigamos orando para que algún día volvamos a encontrarnos y nuevamente podamos decir: "Familia Josefina en Misión".

¡Bendiciones para cada uno de ustedes y para sus familias! ¡Y que Jesús, José y María sean en todo vuestra norma y guía!

Fabrizio Aguilera

 

Este 2019 tuve un comienzo de año muy diferente, gracias a la oportunidad de participar de la misión de Fontana, en el Hogar P.Butiñá. Al comienzo sentí miedo, ya que era la única del grupo que estaba en la etapa S.E.S. (Siempre en Servicio). Los demás eran mayores y con más tiempo en la familia josefina.

La Familia Josefina de Fontana nos recibió con cariño. Gran cantidad de personas estaban frente al Hogar, cantando y con los brazos abiertos. Para mí fue impresionante el amor y la calidez de los que ahí estaban. Fue muy emocionante. Al día siguiente, recibimos a la Familia Josefina de Burzaco, también llenos de alegría. Ya estábamos todos.

Nos tocó misionar en el barrio San Pablo, extremadamente pobre. Las familias del lugar se esfuerzan por salir adelante, pero algunos expresaban desánimo por no conseguir salir de esa situación. Historias duras detrás de cada casa, sonrisas y lágrimas contenidas, necesidad de hablar, de ser escuchados, mucha gratitud a cambio de tan poco... fueron algunos dones que encontramos. Dios se valió de nosotros, pobres instrumentos.

Nosotros también nos dejamos misionar, es decir, afectar por las personas del geriátrico, de los comedores, de la parroquia, por los enfermos del hospital... Sin importarnos la lluvia, nos acercamos a compartir con ellos.

En esta experiencia aprendí lo que en verdad significa la palabra "ENCUENTRO". No importa lo que hagas, ya sea grande o pequeño. En las simples tareas del hogar, al compartir un vaso de agua, al saludar a un vecino y preguntarle como está, podemos encontrarnos con Dios y compartir ese amor tan grande que Él nos da a través de su Palabra.

Cambiemos el mundo, pero para eso debemos empezar por cambiar nosotros mismos y lo conseguiremos ofreciendo nuestras vidas al Señor.

"Gracias Jesús, por la luz nueva, gracias te doy por tantas cosas bellas, gracias por tu amor, la mejor estrella, del Padre Dios en nuestra tierra". Con el corazón agradecido y con ganas de seguir caminando, desde Itá, quiero dedicar un abrazo grande a toda la Familia Josefina.

Ale Osorio

 

Quiero agradecer a la Familia Josefina la posibilidad de vivir esta experiencia única, formar parte del equipo que realizó este servicio tan hermoso y, a la vez, tan duro, por el encuentro con la pobreza material de las familias, los niños necesitados de muchas cosas, la impotencia de no poder ayudarles materialmente, sus esfuerzos por mejorar su situación, a pesar de las realidades tan precarias que viven, como, por ejemplo, las inundaciones, de las que fuimos testigos, y que arrasan con su pocas pertenencias.

Nos tocó el corazón y nos llenó de energía positiva la respuesta que recibimos en las visitas a las familias, su recibimiento, la escucha, la atención, el querer compartir su vida con nosotros. Encontramos personas con problemas de adicciones, alcohol, drogas... ¡Ojalá se puedan concientizar a la gente del municipio o de otras instituciones para ayudar a estos hermanos a superarse!

También nos ayudó mucho ver la cercanía de las Hermanas y de la Familia Josefina de Fontana para con esas personas que sufren. Me llena de alegría, haciéndome reconocer que Dios nos eligió para algo muy grande y recién empieza. Hay que ser generosos y seguir apostando por realizar estas misiones, en nuestros lugares, apoyándonos entre todos. Sigamos realizando con entusiasmo estas actividades, como Familia Josefina, aunando esfuerzos, preparándonos durante el año para hacerlo con más excelencia.

A nivel espiritual, estoy muy agradecido porque me he dado cuenta de que la fe mueve montañas y que, como decíamos en el encuentro de animadores del pasado año: "con Jesús de Nazaret, tenemos cuerda para rato".

Sigamos cultivando amistad, enriqueciéndonos espiritualmente, buscando realizar el sueño del P.Butiñá. Desde el corazón de América del Sur, Paraguay, un saludo cordial.

ÑANDEYARA TAPENDEROVASA, AGUYJE!!

Arnaldo


 

Del 3 al 12 de enero, animadores de los Grupos Nazaret y miembros de Talleres de Fontana, Itá y Burzaco nos encontramos para vivir una experiencia de  “Misión” en Fontana (Chaco- Argentina). El corazón está pleno por esta experiencia vivida, por la convivencia entre distintas culturas y edades, pero con la misma expectativa de vivir estos días como Familia Josefina, con intensidad y alegría, con el deseo de formar comunidad en misión, compartiendo un mismo objetivo: comunicar a Jesús de Nazaret y “en Nazaret”.

Ha sido para todos una experiencia única y personal, pues la hemos  vivido desde lo que cada uno podíamos dar, con mucha fe, amor y entrega. Jesús ha caminado con nosotros. Le hemos encontrado en cada casa adonde hemos llegado, en cada persona con las que hemos charlado y rezado, en la sonrisa que los niños nos han regalado...  Gracias, Jesús, por regalarnos estos días para encontrarte y dejarnos encontrar por ti.

Todo es gracia: la vida de Nazaret, cotidiana y sencilla, nos ha convocado y nos alegrado el corazón. Hemos dicho: “Sí, Jesús.  Somos familia,  queremos vivir  más entrega. Abre nuestro corazón, llénanos de tu luz. Contigo todo se allana. Gracias por encontrarnos con hermanos que están en el mismo camino,  convencidos de que vale la pena ser buen instrumento para que CRISTO SEA CONOCIDO Y ALABADO en el mundo del trabajo y seguir construyendo juntos  el sueño del P.BUTIÑA. Con alegría y esperanza:

Felipa hsj

 

3 de enero de 2019 es una fecha que siempre recordaremos jóvenes y adultos de Burzaco, Itá y Fontana. Fue el momento de encontrarnos, de sentirnos personas de dos países hermanos que nos uníamos con un mismo fin: el servicio a nuestro Creador y a nuestro prójimo.

Poco y nada nos conocíamos, por lo que la mayor dificultad, al principio, fue relacionarnos entre todos. Lo bueno fue superar esa dificultad y convertirnos en una Familia que ya no se quería separar.

Durante los primeros días, los jóvenes vivimos la misión visitando a las familias, viendo sus realidades, compartiendo momentos únicos y charlas interminables.

Llegaba el 6 de enero, fiesta de Epifanía, recuerdo de aquellos tres Reyes Magos venidos del Oriente.  La celebración se llevó a cabo en la Gruta de San Baltasar, bajo el cuidado de Doña Beatriz (72 años), una fiel creyente de este santo. Por la mañana, tuvimos una solemne misa y por la tarde compartimos con todos los niños del Barrio San Pablo. En nuestras pupilas han quedado grabados para siempre los rostros de  felicidad de esos niños al ver al Payaso, cuyas sonrisas se agradaron, todavía más, a la llegada de los Reyes Magos con mucho regalos. Además, compartimos una rica merienda con todas las personas presentes en el lugar.

El 7 de enero compartimos varios momentos con los jóvenes y el 8, con los adultos.

La lluvia, presente y amenazante durante varios días, no detuvo a los misioneros. Siempre recordaremos como Hermana Antonia nos animó diciendo “la lluvia es sinónimo de bendición”. La verdad es que, realmente, nos sentimos bendecidos, ya que a causa de la lluvia, tuvimos que cambiar nuestros planes y Dios nos guió a la Residencia de Ancianos "San José", mientras que otros grupos fueron al Hospital, a los comedores del barrio y a diferentes Capillas que nos quedaban  cerca. Y en todos estos lugares reconocimos y experimentamos la presencia de Dios en los niños, en los abuelitos y abuelitas, en las Capillas y en las personas del Hospital.

Iban pasando los días y el 11 de enero nos preparábamos para visitar a Nuestra Madre, la Virgen de Itatí, de ojitos negros y tez morena, correntinita, Madre de Dios, que con sus manitos de timbó nos recibía en su casa, donde nos sentimos protegidos por su manto azul de Ñandutí.

De esa manera íbamos cerrando nuestra semana de Misiones. Nunca olvidaremos todo lo vivido en cada casa, barrio, familia, hospital, capilla. No hay manera de agradecer a los que nos recibieron, a la Familia de Nazaret de Fontana que nos brindaron todo lo que cada uno necesitaba: techo, cama, cariño, diversión… ¡Cómo olvidar las ricas comidas, preparadas por Hna. Pabla y algunas señoras, que cada día nos servían!

Llegaba el momento más difícil: el despedirse. Cada persona, con lágrimas en los ojos, agradecía todo lo compartido. Creo que más de uno no quería que las Misiones acabaran.

Intercambiamos palabras de aliento y abrazos, de esos que te motivan a seguir sirviendo al prójimo y a hacer muchas más cosas por tantos hermanos que necesitan ayuda.

En ese momento, el cariño que nos unía se hizo más fuerte, se formaron lazos que prometimos nunca soltar y, mediante esos lazos, servir a nuestro Creador en el lugar donde nos toque estar.

Creo que la mayor enseñanza recibida es descubrir diferentes realidades, nunca olvidar que hay hermanos que sufren peores condiciones y momentos que nosotros y, aún así, siguen adelante. Por eso, nunca podemos olvidarnos de agradecer todo eso que Dios nos regala en nuestro día a día, así como agradecer a Jesús, José y María que delegaron en nosotros este tan hermoso y humilde servicio.

Sigamos orando para que algún día volvamos a encontrarnos y nuevamente podamos decir: “Familia Josefina en Misión”.

¡Bendiciones para cada uno de ustedes y para sus familias! ¡Y que Jesús, José y María sean en todo vuestra norma y guía!

Fabrizio Aguilera

 

Este 2019 tuve un comienzo de año muy diferente, gracias a la oportunidad de participar de la misión de Fontana, en el Hogar P.Butiñá. Al comienzo sentí miedo, ya que era la única del grupo que estaba en la etapa S.E.S.  (Siempre en Servicio). Los demás eran mayores y con más tiempo en la familia josefina.

La Familia Josefina de Fontana nos recibió con cariño. Gran cantidad de personas estaban frente al Hogar, cantando y con los brazos abiertos. Para mí fue impresionante el amor y la calidez de los que ahí estaban. Fue muy emocionante. Al día siguiente, recibimos a la Familia Josefina de Burzaco, también llenos de alegría. Ya estábamos todos.

Nos tocó misionar en el barrio San Pablo, extremadamente pobre. Las familias del lugar se esfuerzan por salir adelante, pero algunos expresaban desánimo por no conseguir salir de esa situación. Historias duras detrás de cada casa, sonrisas y lágrimas contenidas, necesidad de hablar, de ser escuchados, mucha gratitud a cambio de tan poco… fueron algunos dones que encontramos. Dios se valió de nosotros, pobres instrumentos.

Nosotros también nos dejamos misionar, es decir, afectar por las personas del geriátrico, de los comedores, de la parroquia, por los enfermos del hospital… Sin importarnos la lluvia, nos acercamos a compartir con ellos.

En esta experiencia aprendí lo que en verdad significa la palabra “ENCUENTRO”. No importa lo que hagas, ya sea grande o pequeño. En las simples tareas del hogar, al compartir un vaso de agua, al saludar a un vecino y preguntarle como está, podemos encontrarnos con Dios y compartir ese amor tan grande que Él nos da a través de su Palabra.

Cambiemos el mundo, pero para eso debemos empezar por cambiar nosotros mismos y lo conseguiremos ofreciendo nuestras vidas al Señor.

“Gracias Jesús, por la luz nueva, gracias te doy por tantas cosas bellas, gracias por tu amor, la mejor estrella, del Padre Dios en nuestra tierra”.  Con el corazón agradecido y con ganas de seguir caminando, desde Itá, quiero dedicar un abrazo grande a toda la Familia Josefina.

Ale Osorio

 

Quiero agradecer a la Familia Josefina la posibilidad de vivir esta experiencia única, formar parte del equipo que realizó este servicio tan hermoso y, a la vez, tan duro, por el encuentro con la pobreza material de las familias, los niños necesitados de muchas cosas, la impotencia de no poder ayudarles materialmente, sus esfuerzos por mejorar su situación, a pesar de las realidades tan precarias que viven, como, por ejemplo, las inundaciones, de las que fuimos testigos, y que arrasan con su pocas pertenencias.

Nos tocó el corazón  y nos llenó de energía positiva la respuesta que recibimos en las visitas a las familias, su recibimiento, la escucha, la atención, el querer compartir su vida con nosotros. Encontramos personas con problemas de adicciones, alcohol, drogas… ¡Ojalá se puedan concientizar a la gente del municipio o de otras instituciones para ayudar a estos hermanos a superarse!

También nos ayudó mucho ver la cercanía de las Hermanas y de la Familia Josefina de Fontana para con esas personas que sufren. Me llena de alegría, haciéndome reconocer que Dios nos eligió para algo muy grande y recién empieza. Hay que ser generosos y seguir apostando por realizar estas misiones, en nuestros lugares, apoyándonos entre todos. Sigamos realizando con entusiasmo estas actividades, como Familia Josefina, aunando esfuerzos, preparándonos durante el año para hacerlo con más excelencia.

A nivel espiritual, estoy muy agradecido porque me he dado cuenta de que la fe mueve montañas y que, como decíamos en el encuentro de animadores del pasado año: “con Jesús de Nazaret, tenemos cuerda para rato”.

Sigamos cultivando amistad, enriqueciéndonos espiritualmente, buscando realizar el sueño del P.Butiñá. Desde el corazón de América del Sur, Paraguay, un saludo cordial.

ÑANDEYARA TAPENDEROVASA, AGUYJE!!

Arnaldo

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