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Santa Bonifacia Rodríguez de Castro, en RomaEn nombre de todas las religiosas de la congregación hermana de las Siervas de San José, las Hijas de San José, quiero expresar nuestro contento de estar aquí en Roma para celebrar la canonización de M. Bonifacia, para nosotras, la Primera Josefina.
 
Roma,como lugar especial y significativo de la fe católica, quiere presentar ante el mundo la vida de una mujer obrera que en el siglo XIX se compromete de manera radical a vivir la consagración religiosa, con otras mujeres, a través del trabajo manual y desde la hondura de la vida de Nazaret, donde Jesús quiere expresarnos que cualquier momento o situación de la vida es ocasión extraordinaria de encuentro con Dios.
 
La vida de familia de Jesús, María y José, el ámbito del trabajo cotidiano y sencillo de los tres, es hoy reclamo para todos nosotros y nos recuerda que nada pasa desapercibido para Dios desde el momento en que su Hijo Jesús asume la condición de hombre en Nazaret, un pueblecito insignificante, y en una familia y unas tareas sencillas.
Hoy la Iglesia reconoce en Bonifacia la testigo fiel de este Jesús, aquella que encarna en su vida los valores del Evangelio hasta entregar la vida por la causa del Reino, ejemplo vivo de este Jesús que desde la mirada del Padre, entrega su vida en aparente fracaso, en la incomprensión de muchos, sobre todo de sus íntimos. Solo la fuerza de una persona enamorada es capaz de vivir con sentido todo este fracaso aparente.
 
En la vida de ambas congregaciones, Siervas e Hijas de san José, aparece como fundamento el ser y el hacer de Francisco Butiñá, jesuita, que cree en la mujer trabajadora, como sujeto y artífice de la vocación religiosa en medio de la realidad del trabajo manual, en su dignidad como persona, en su plena autonomía, en su liberación. Poniendo en manos de Bonifacia en Salamanca y de Isabel de Maranges en Cataluña, el carisma recibido del Espíritu, pone en marcha dos grupos, para que Cristo sea alabado en el trabajo y para que las mujeres, tanto consagradas como laicas, encuentren la perfección "hermanando la oración con el trabajo". Butiñá, Bonifacia e Isabel sueñan con una sola congregación. La historia hace surgir dos, pero en ambas, desde la fraternidad, desde el mismo ideal, seguimos el camino marcado por nuestros fundadores.
 
Desde los talleres, las microempresas, las empresas de inserción laboral, los centros de capacitación y formación, la vida sencilla de cada día, en los distintos lugares y tareas donde la misión nos coloca, intentamos hacer realidad el sueño de Francisco Javier Butiñá: "No cejar hasta conseguir la perfección hermanando la oración con el trabajo", carisma que hoy vivimos, además de los lugares ya señalados, en Estados Unidos, México, Guatemala, Ecuador, Brasil, Uruguay, Paraguay, Camerún y Angola.
 
Con Madre Bonifacia aprendemos el coraje de dar la vida por lo que creemos, aprendemos que es muriendo como engendramos vida, que lo importante no son nuestras obras, sino que a través de ellas se manifiesta la gloria de Dios; aprendemos la fidelidad de quien permanece siempre, más allá de incomprensiones, de falsos testimonios, respondiendo a la llamada de Jesús de Nazaret. M. Bonifacia es también hoy para todas las Hijas de San José, modelo de seguimiento a Jesús en nuestro taller diario, nuestras comunidades, donde vivimos la fraternidad, el trabajo, el servicio, la relación, el encuentro con Dios.
 
Damos gracias a Dios por todo esto y recordamos las palabras del P. Butiñá al naciente grupo de josefinas en Salamanca. Seguro que hoy está contento porque en verdad M. Bonifacia encarna sus palabras escritas desde Poyanne: "Los santos tienen por oración el trabajo en que no se busca más que cumplir la voluntad de Dios, mucho más si se hace, como vosotras, dirigido por la obediencia que es la voz de Dios y acompañado por fervientes jaculatorias..." "Sed pues, humildes, obedientes, amantes de la pobreza, observantes, ¿qué más?. Sed verdaderas Siervas de S. José, procurando el honor de tan gran Padre con vuestra vida ejemplar y fervorosa". Bonifacia ha cumplido el sueño del P. Butiñá: "Sed verdaderas Siervas de S. José."
 
Benita de la Cuerda fsj, Superiora General.
Roma, 22 de octubre de 2011
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