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Religiosas obreras en un trabajo asalariado

Publicado en Reflexiones

Taller Microempresa Social BogotáLas Hijas de San José estamos llamadas y urgidas a evangelizar al mundo trabajador pobre, especialmente en la faceta concreta del trabajo.

Prolongar hoy la Encarnación de Jesús Obrero es arriesgarse a compartir y vivir en carne propia las mismas situaciones que viven los trabajadores y trabajadoras: conflicto, dificultades, esfuerzo, horarios, precariedad, paro explotación, gozos, ilusiones, procesos, esperanzas...

Y desde nuestra identificación con Jesús Obrero, desde los valores de Nazaret, dar sentido, dignidad, justicia, humanidad...

Nuestra encarnación como "Religiosas Obreras" acontece especialmente en la rutina del trabajo diario, un trabajo en muchas ocasiones irrelevante, sencillo, anónimo, poco valorado como el de tantas mujeres.

Cristo eligió nacer, vivir y trabajar la mayor parte de su vida como un paisano más, un pobre trabajador. El Cristo, a quien seguimos, el hijo del carpintero y de una humilde trabajadora, trabajó con sus manos. A este Jesús obrero queremos hacer presente y anunciar a los pobres del trabajo desde el codo a codo, pisando, tocando la realidad, sin privilegios, pasando por las mismas situaciones, asumiendo sus luchas y esperanzas, viviendo y palpando sus heridas. Poniendo en esa realidad el bálsamo del amor, de la amistad, del compañerismo, de justicia y dignidad; pero a la vez siendo muy conscientes y lúcidas porque la realidad nos salpica. Necesitamos tener un sentido crítico con todo lo que rompe la fraternidad, crea desigualdad, explotación, injusticia y no respeta la dignidad de las personas.

Desde nuestro estilo de vida personal y comunitaria, austera, sencilla, solidaria y fraterna, anunciar que otro mundo es posible, donde la persona sea el centro del trabajo y no el interés, el producir, el ser una pieza más de producción. Denunciar también con nuestra palabra cuando sea necesario.

Nuestra presencia, a veces irrelevante, ha de ser más testimonial y profética, que apunte e ilumine como pequeñas lucecitas, porque todo lo de Nazaret es pequeño pero diciente. Presencia que interpele, cuestione, interrogue y cree conciencia de que es posible trabajar de otra manera.

Esto lo hacemos desde dos pasiones o miradas. Pasión por el mundo obrero roto herido dividido, cada vez más precario donde hay ausencia de Dios aparente, aunque las semillas del Verbo están presentes y queriendo manifestarse. Sólo necesitamos mirar para alentar su crecimiento. La otra pasión o mirada es al "Obrero de Nazaret" para identificarnos con su vida, sus actitudes, su forma de pensar, amar y relacionarse, para descubrir su verdadero rostro en la realidad espesa y dura del mundo laboral. Un Dios que sufre, goza, trabaja, suda, acompaña, calla, grita y que camina humildemente con nosotros en el codo a codo. Estas dos miradas son imprescindibles para evangelizar, humanizar y dignificar. En definitiva, es situarse desde el no poder sino desde el servir, ser capaces de transcender esta realidad sin quemarse y poner el antivirus contra el individualismo y el "sálvese quien pueda". Por eso, es necesario trabajar en red con todos aquellos grupos u organizaciones que trabajen por un mundo obrero más justo y solidario.

Mientras exista el mundo obrero y, hoy por hoy, es muy numeroso y cada vez más precario, aunque muchas estancias afirmen lo contrario, estamos llamadas a vivir en él el evangelio del trabajo, a ser compañeras de Cristo en esa realidad.

Ana Fonseca fsj

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