Imprimir

Servicio en la espiritualidad josefina

Publicado en Textos congregacionales

«SERVICIO¿Está usted contenta de seguir sirviendo al señor en el taller de su padre virginal?» (Ceremonial del Instituto. 1886).

No son muchos los textos que hablan xpresamente de servicio, y quizá por eso en estos años no se ha tenido tan en cuenta este aspecto al hablar y profundizar sobre nuestra espiritualidad. En el capítulo actual (Se refiere al XIII Capítulo General) lo hemos percibido como algo muy importante, llegando a considerarlo no como un elemento más, sino como una forma de ser en Nazaret; es decir, como una actitud básica al vivir nuestra espiritualidad.


El P. Butiñá eligió para nosotras el nombre de Siervas de San José. Para él debía encerrar un profundo significado, pues aconseja que seamos de verdad sirvas de San José, como si ahí se resumiera nuestra vocación.

En la oración de la mañana para ofrecer el trabajo, el nombre se convierte en actitud: «aquí tenéis a vuestras siervas deseosas de agradaros...»

Es en el ceremonial del Instituto donde están formulados los compromisos que la josefina hace con Dios en la Congregación, donde encontramos más expresamente la opción por el servicio que implica nuestra vocación: A la postulante se le pregunta si «quiere ofrecerse de todo corazón al servicio de la sagrada Familia, y, si permanece constante en sus deseos de servir en su Taller al glorioso Patriarca».

A la novicia se le hace ya la pregunta con la que iniciamos este tema: « ¿Está usted contenta de seguir sirviendo al Señor en el Taller se su padre virginal?». (Es bueno notar el matiz diverso en el compromiso, de querer ofrecerse, a estar contenta...)

La primera profesión, los votos de Bienio, se hacen: «movida con vivos deseos de consagrarme del todo a vuestro divino servicio... con ánimo firme de ingresar en ella (la Congregación) para serviros toda la vida... y animada de vivas ansias de perseverar constante en vuestro santo servicio».

Del nombre y del compromiso podemos deducir que ser josefina es estar en la vida con una gozosa actitud de servicio.

Al preguntarnos a quién servimos, nos encontramos, como no podía ser menos, desde una visión cristiana, que se sirve al Señor.

Desde el bautismo. El cristiano ha pasado de la servidumbre del pecado y la ley al servicio de Dios en la gracia, la filiación y el amor.

Además, la consagración religiosa siempre ha sido entendida cono una dedicación exclusiva al servicio de Dios y, por ello mismo, de la Iglesia .

Servir al Señor es reconocer que la vida está ligada total y definitivamente a Alguien a quien se pertenece por entero.

El Señor a quien está llamada a servir la josefina es a Jesús, el Artesano del Taller. «Servir al Señor en el Taller». El Pa. Butiñá ha ido dándonos pinceladas de quien es este Jesús de Nazaret, cómo ha vivido él su actitud de servicio: «se dedicó desde sus juveniles años con sumisión, paciencia y mansedumbre a los trabajos corporales que la Virgen y San José le imponía... y aunque Dios y Hombre, quiso vivir obediente a sus padres. Prefirió al brillo y lustre de una posición noble según el mundo las penalidades de un oficio humilde... y empleó las más florida parte de su vida en tal humilde oficio» . «Jesús eligió vivir en estas humildes ocupaciones por espacio de treinta años porque quería curar nuestra desobediencia y refinado orgullo» .

Servir al Señor es una llamada y una gracia que solo puede nacer en nosotras desde la contemplación de este Jesús siervo en Nazaret. Siervo es aquel que obedece en todo la voluntad de Dios, como lo hizo Cristo hasta la muerte. Esta condición de siervo elegida por Jesús lleva consigo una condición humillada a lo largo de la vida. Nazret es el lugar del ocultamiento. Está claro en el Evangelio (Butiñá lo repite muchas veces también) que Jesús eligió libre y voluntariamente este estilo de vida.

Servir al Señor exige opciones radicales. El Evangelio nos recuerda que no es posible vivir en ambigüedades, «no se puede servir a dos señores» .

Se nos llama a servir al Señor en el Taller. Ya sabemos que el Taller engloba todo nuestro Carisma, nuestra espiritualidad y la misión. El Taller es el lugar de nuestra vocación y el ser de la Congregación. Por tanto, servir en el Taller es poner en juego toda la vida por esta causa, por este carisma, por este proyecto de Dios en la Iglesia. Es una actitud personal y congregacional que nos lleva a vivir todo cuanto vamos descubriendo en este seguimiento específico de Cristo, desde la pobreza y la humildad de quien no es autosuficiente y está abierto a los caminos que Dios va marcando. Servir es una forma de vivir la pertenencia a la Congregación.

Servir al Señor en el Taller es tener los ojos y el corazón puestos en Nazaret, para aprender de la Sagrada Familia en su Taller cómo se sirve a Dios y a los hermanos.

En el Taller servimos a Jesús, a María y a José. Es éste un servicio nacido de la contemplación y del afecto, de la devoción. Es un servicio que se quiere hacer para aprender «que son humo y vaciedad todas las grandezas que el mundo ambiciona», para saber cuál es la verdadera riqueza de la vida, y cuál es la humildad, diligencia y contemplación de San José.

Desde el taller y en el Taller servimos también a las Hermanas y a los destinatarios. La actitud de cargar con lo más pesado, de elegir lo peor, de alegrarse de que a las otras se les encomienden cargos más lustrosos y demostrar alegría por el bien de las Hermanas, como nos piden las Primeras Constituciones son formas de servir. También es lo que se le pide a la Superiora que «sirva a menudo a las enfermas con sus propias manos», y lo que a todas nos dice el Reglamento de los Talleres: que sirvamos con particular afecto a aquellos contra quienes sintamos aversión o antipatía. Esto mismo nos pedirá M. Isabel en su carta.

El cristiano tiene que servir a Dios, sirviendo a los hombres. La vida de Jesús nos lo enseña así: Él, sirviendo a Dios en una obediencia hasta la cruz nos salvó. No había venido a ser servido... .
Así reparó nuestra negativa a servir, y nos reveló cómo quiere el Padre ser servido: gastándonos en el servicio de los hermanos, como Cristo lo hizo. Servicio es una palabra clave en la identidad cristiana. En el Evangelio aprendemos que el auténtico servicio cristiano no se estructura desde el poder, sino desde la debilidad, se realiza de abajo arriba.

Quienes hemos sido llamadas al servicio, no sólo tenemos Señor, tenemos también señores: las Hermana, y las nuestros destinatarios principalmente, y todos los hombres. Servir a los otros nos exige estar atentas para saber cómo necesitan ser servidos, cómo quiere Dios que les sirvamos. Es esta una actitud comprometida, pues no basta hacer actos de servicio, hacer muchas cosas por el otro, sino que debemos convertirnos en siervos del otro, viendo a todo hermano, con mirada evangélica, como superior.

En el Taller servimos en y con el trabajo. No cejar hasta conseguir hermanar la oración con el trabajo es servicio según el Ceremonial. Trabajar no buscando la utilidad propia, ni económica ni e otra clase, es servicio; y también lo es el elegir lo más pesado y trabajar en un oficio humilde. Servir en el trabajo nos exige éstas y otras actitudes, las que hacen posible que se llegue a crear fraternidad con quienes trabajamos.

Servir en el trabajo nos lleva a preguntarnos y a discernir personal y comunitariamente a quién servimos, qué buscamos, por quién hacemos el trabajo.

Las josefinas estamos además en la categoría social de los que sirven. Todo el empeño del P. Butiñá era demostrar a los trabajadores, con la vida de la Sagrada Familia, con las de los santos menestrales y con la del Taller de las Siervas que esta condición humilde era querida por Dios, elegida por Jesús y por toda la Familia de Nazaret, y que además, era apta para conseguir una vida plena, según el cristianismo.

Nosotras evangelizamos desde nuestro servicio. Colocarse en la vida en actitud de servir sólo puede ser hecho desde el Evangelio. El texto de Juan 13, 1-17, es como una parábola en acción, que nos invita a penetrar en la actitud de servicio de Jesús. Necesitamos la fe y la contemplación para entender el sentido profundo del servicio, no sólo como entrega de amor a los demás, y a Dios, sino como paso de Dios. Tenemos que pedir que se nos conceda saber internamente por qué Dios se hace visible en la conducta de siervo de Jesús, y por qué y cómo el servicio es un paso de Dios por nuestra historia.

La contemplación y la oración nos llevarán a ver que no todo servicio es paso del Padre por la historia, porque no todo lo que hacemos como servicio es cristianamente válido para acoger el Reino.

Desde la Palabra de Dios entendemos que ponerse voluntariamente a servir es liberarse, y que enseñar a los otros a servir es despertarles a la liberación.

Servir requiere unas cualidades de atención, disponibilidad, delicadeza y sentido de gratuidad. No se puede vivir este servicio si Dios no nos concede su gracia, sin que nos lleguemos muchas veces contemplativamente a Nazaret para conocer internamente a Jesús el Artesano. De ahí podrá nacer la austeridad y abnegación que necesitamos para poder estar contentas sirviendo al señor...

Acudiendo a los orígenes de la Congregación y leyendo los documentos no queda dudad de la importancia que tiene el servicio desde los comienzos. Es una actitud básica desde la que se puede enfocar toda la vida, y decir lo que debe ser una josefina.

En nuestros Fundadores descubrimos cómo toda la vida fue un servicio: ellos sirvieron al señor, que fue verdaderamente el único Señor de sus vidas; le sirvieron activamente en el mundo del trabajo, en la mujer trabajadora, en la Congregación, tal y como estas realidades les necesitaron. Y sirvieron también cuando Dios pasó a exigirles todo actuando en el silencio y la pasividad como quien ha hecho sólo lo que tenía que hacer.

El servicio, el buen servicio, parece que también fue una nota significativa de la Congregación, por la cual eran requeridas las Hermanas para las nuevas fundaciones.

Las Constituciones actuales, siguiendo esta intuición del Carisma, entienden la consagración como un servicio ; ponen la pobreza como un medio de estar disponibles al servicio del Evangelio y del amor ven que el servicio es virtud típica en Nazaret y de nuestra comunidad y nos piden que vivamos nuestra misión con una disponibilidad incondicional para el servicio , poniendo el carisma al servicio de la Iglesia , y queriendo vivir en servicio a los hermanos .
En esta actitud de servicio que abarca toda la vida, no nos resulta difícil descubrir la raíz ignaciana que, sin mencionarla, pudo estar presente en la mente y el corazón del P. Butiñá.
Servir es una línea que recorre dinámicamente todos los Ejercicios Espirituales y que está también presente en la entraña de la fundación de la Compañía.

Ya en el principio y Fundamento se nos descubre que la vocación del hombre es servir... a Dios. Esta actitud resume para Ignacio todo su pensamiento sobre el sentido de la existencia humana y revela toda su grandeza. Porque servir es colaborar con Dios, es aceptar la tarea que se completa la obra de Dios confiada al hombre. Entender así la vida, es entenderla religada a Dios. Servir es una forma de adorar.

En las mediaciones y contemplaciones sucesivas, el servicio de Dios se ve urgido y nacido del amor; al conocer internamente el amor que Dios nos ha tenido en Cristo Jesús, la respuesta propia del hombre es la de una entrega incondicional al servicio, un deseo de estar con Jesús para servirle.

El deseo del servicio desciende siempre de arriba. Es una gracia que se nos da. En la contemplación para alcanzar amor nos dirá S. Ignacio: «pedir conocimiento interno de todo bien recibido a fin de que por un perfecto conocimiento pueda yo en todo amar y servir a su divina Majestad».

El servicio que empieza siendo vocación del hombre, que se vuelve llamada y compromiso desde el conocimiento de Cristo, acaba siendo una consecuencia del amor. Su origen es Dios, y la medida será siempre la voluntad de Dios.

Sin duda ninguna que en la práctica de la experiencia de Ejercicios aprenderemos la hondura y al amplitud del servicio. La abandera debajo de la cual somos llamadas a colocarnos es la de Jesús de Nazaret, el Artesano. Ahondando en este compromiso podremos ir dando respuesta a la pregunta que se nos hace hoy de nuevo: « ¿Está usted contenta de seguir sirviendo al Señor en el taller de su padre virginal?».

  • logo siervas

        

  • sersol

  • Novallavor

  • logo de avidi


  • logo ag

  • logo gran cas

  • vicentino
  • logo Burzaco


  • facebook    
  •              
    youtube

              
             

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web