Sembrando Nazaret...

Desde que llegamos, hemos ido sembrando con delicado amor, en esta buena tierra de Camerún, la pequeña semilla de Nazaret. De mil maneras: en lenta y callada espera, mientras aprendíamos el idioma y nos introducíamos en la nueva cultura, con la mirada atenta a los pequeños gestos y acontecimientos del día a día, con nuestra sonrisa, traducida en cercanía, estudiando la historia del pueblo para amarlo más, arropando sueños, acallando impaciencias, curando llagas, tendiendo manos, rompiendo dudas, enseñando costura, jugando al corro; sin ahorrarnos tiempo, ni entrega, ni ternura; derrochando escucha y cercanía. Con nuestro ser y nuestro hacer. Convencidas de que traemos en nuestras manos la mejor de las semillas: Nazaret.

Nazaret: misterio de un Dios Pequeño, apasionado por la tierra, "uno de tantos", el hijo de "madame" María, la mujer del carpintero.

Nazaret: el realismo de una familia como las otras, carente de recursos, que trabaja duro, compra en el mercado, trae agua y en los atardeceres de verano, toma el fresco con los vecinos, en la puerta.

Nazaret: compartir la misma suerte, correr los mismos riesgos, ponerse en las mismas colas...

Nazaret: Dios recreando la tierra desde un taller, a golpes de martillo y amor...

Nazaret, hogar modelo, tan próximo, tan al alcance de todos...

Pues resulta que a los pobres, -acostumbrados a suplicar al Todopoderoso Señor porque los que mandan abajo no solucionan nada y a mirar a lo alto y no a la tierra demasiado llena de dolor y hambre. Acostumbrados a esperar de los santos el milagro, porque no hay hospitales sin dinero, a comer el pan amargo sudado en injustas jornadas sin horas de salida, ni salario pre-fijado, - les sabe a gloria esta buenísima noticia.

Otra cosa es tocar a Dios y estremecerse de gozo. Sentirlo vecino, descubrirlo en el mercado, en la escuela. Poder rezarle en chinelos, cantarle en todas las lenguas y decirle que está cara la vida y que nos eche una mano.

Con gozo celebramos y os contamos que la pequeña semilla va germinando ya, frágil y con color de esperanza. El día 16 de diciembre, domingo, anticipábamos la fiesta de la muerte de Butiñá (pues el 18 era día de trabajo). Ese día, un grupo de niños comenzaba el Movimiento Nazaret y otro de adultos,  el Pre-Taller.

Es un gozo ver cómo esta gente sencilla acoge la Buena Noticia de Nazaret... No podemos dudar que toda su  espiritualidad ha nacido para ellos, que su corazón está ya familiarizado con los secretos del Reino, que a pequeños y grandes, les suena a regalo y a fiesta.

Les ha sorprendido tanto eso de que ¡estamos aquí para santificarnos nosotras y ellos, juntos en familia... para ser santos! y además, que podamos hacerlo con la oración y el trabajo de cada día, así tan cotidiano y sencillo, que les ha llegado al alma.

Ahí va una muestra de su testimonio:

Es un gran privilegio para Camerún, en general, y para Douala, particularmente, el acoger a la Congregación de Hijas de San José y su vida consagrada y sencilla.

Sinceramente pensamos que la elección de Camerún no fue al azar, Dios mismo quiso que la Congregación llegase, para hacer crecer entre el pueblo este estilo de contemplación, este estilo de vida sencilla y de armonía familiar, de
ayuda, de participación y de acompañamiento.

Camerún es un nido de problemas sociales: la pobreza, la miseria, la vulnerabilidad de la gente..., sobre todo en el mundo rural es muy acentuada. En este contexto queda poco espacio para la espiritualidad.

Después de conocer durante algún tiempo a las Hijas de San José y lo concerniente a su misión, así como su deseo de aliviar los problemas tanto espirituales como materiales, mi impresión es buenísima y no ahorraré ningún esfuerzo para acompañarlas a todas partes donde vayan para salvar las familias y las personas.

Hago votos para que la Congregación se extienda también en las zonas rurales de Camerún para fortalecer la fe de las familias y propagar el espíritu de trabajo.

Que Dios Poderoso las sostenga en la lucha y conduzca sus pasos cada día, para que busquen con los otros el camino de la santidad.

MOUNTOUMNJOU Jules.

Soy Adelaide, pertenezco a los talleres de Nazaret. Antes de integrarme en esta familia era otra. Ni sabía que se podía llegar a ser feliz rezando. Desde que estoy en esta familia josefina, me siento feliz. He aprendido muchas cosas muy importantes para mí entre las cuales: que todos podemos santificarnos con la oración y el trabajo de cada día. Esto verdaderamente, me ha impresionado.

Gracias a los Talleres he comenzado a rezar con mis hijos cada mañana y cada noche. Me siento realizada en esta familia de la que recibo mucho en el plano espiritual.

OWONDZA Adélaide

  • logo siervas

        

  • sersol

  • Novallavor

  • logo de avidi


  • logo ag

  • logo gran cas

  • vicentino
  • logo Burzaco


  • facebook    
  •              
    youtube

              
             

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web