Amar y servir en todo

[EE. 231] “El amor consiste en la comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante, de manera que si el uno tiene sciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro”.

 

Siendo todas tan faltas de saber y de conocimiento subía nuestro buen Padre a enseñarnos y no pocas veces se reía de nuestra sencillez de las preguntas que le decíamos debidas a nuestra ignorancia. En los días de trabajo subía al trabajador, se sentaba delante de una máquina y él mismo nos enseñaba a fabricar las medias y calcetines, tanta era la humildad e interés que tenía para que con nuestro trabajo pudiéramos vivir… El mismo, cuando iba a Olot o a otras poblaciones donde se fabricaba ese trabajo se enteraba cómo se hacía, buscaba algodón y fabricantes que nos dieran trabajo, cuando volvía subía al trabajador muy contento y nos decía: “Ahora tal fabricante os manda algodón y podréis trabajar”. Todo satisfecho y contento se sentaba con el sonrís en sus labios y nosotras a su lado aprendíamos hasta que nuestro trabajador parecía una fábrica completamente, tanto que buscábamos personas para darles trabajo y en lugar de mendigar el pan nosotras manteníamos a otras personas.

(Testimonio de Sandalia Laflorida)

 

Es evidente que la naciente congregación, el humilde Taller de la Pujada de St. Doménech contaba con el cariño y la “comunicación” amorosa de su Fundador. Butiñá-amante se sentaba con ellas a compartir tiempo, conocimientos técnicos, experiencia humana y de Dios… Pero ¿y cómo era el movimiento contrario? ¿Qué recibía Butiñá de esas pobres mujeres, aprendices a un tiempo, de religiosas y de fabricantas? Pregúntale… Pregúntales a ellas… Pero, de entrada, tienes un dato: ese “algo” que recibía le hacía aflorar un “sonrís” en los labios.

Contamos con este testimonio que Hna. Sandalia dejó escrito, pero, seguramente, algo similar podrían contar muchas otras personas que le conocieron a lo largo y ancho de su actividad apostólica. La gente sencilla que acudía a escuchar sus sermones en las misiones populares, o que, en busca de dirección espiritual, que abrían de par en par su corazón… Los presos de Tarragona, a los que predicó ejercicios espirituales… Las criadas y trabajadoras, que acudían a primerísima hora de la mañana, antes de comenzar su jornada, a la iglesia de los jesuitas, donde el P. Butiñá celebraba la misa y, además, salía a la puerta para invitarlas a pasar. Todos ellos se llevaron del P. Butiñá una presencia afable, animosa, alguien que les podía transmitir una gran esperanza: la de vivir la vida cotidiana con sentido, la de poder llegar a ser santos en su trabajo, la de sentirse queridos por Dios y compañeros de Cristo en el trabajo… Pero, al mismo tiempo, Butiñá recibía mucho de ellos. Ellos también, cada uno, todos estos hombres y mujeres del trabajo, tenían el privilegio de provocar en sus labios un nuevo “sonrís”, una sonrisa nueva cada mañana.

Butiñá, jesuita, fundador, misionero infatigable, hombre cercano y alegre… De una alegría profunda, trabajada, esforzada… La alegría de la cuarta semana, la alegría que nace del desprendimiento cuando se han dejado en manos de Dios las riendas de la vida y se le permite que nuestras obras, sean sus obras… La alegría que brota suavemente cuando el corazón se dispone (ya está dispuesto) para que el amor se vaya expresando más en las obras que en las palabras.

 

“Señor, yo quiero servirte y amarte en el tiempo y en la eternidad”.

 

Aunque no disponemos de un diario espiritual en el que Francisco Butiñá nos cuente sus vivencias internas, sí que, por las expresiones de sus cartas y viendo la trayectoria completa de su vida, podemos considerar que, en esos años, que serán los últimos de su caminar, ha avanzado notablemente en el ideal ignaciano de “amar y servir en todo”.

Amar y servir, dos verbos que en la tradición ignaciana aparecen unidos, como dos caras de una misma moneda.

El amor al que aspira Ignacio en sus Ejercicios Espirituales ha de concretarse, encarnarse, no puede quedarse en palabras, aunque también estas sean necesarias, sino que ha de manifestarse en actos, en gestos, por sencillos y humildes que sean.

En la “Contemplación para alcanzar amor” vemos concretarse la acción de Dios en cada ser, proporcionándole lo que le es más propio y necesario para una existencia en plenitud.

“El segundo (punto) mirar cómo Dios habita en las criaturas, en los elementos dando ser, en las plantas vegetando, en los animales sensando, en los hombres dando entender; y así en mí dándome ser, animando, sensando y haciéndome entender; asimismo haciendo templo de mí seyendo criado a la similitud e imagen de su divina majestad”.

 [E.E. 235]

Este modo de actuar de Dios nos pone en la pista de lo que significa servir. Es decir, servir es ayudar al otro dándole ser, procurar que crezca en aquello que le es más propio y logre la plenitud para la que fue creado.

En la práctica, esta dinámica apostólica del “amar y servir” podría pasar por confiar en el otro, reconocer su dignidad, su potencialidad, su plenitud, ayudar a cada uno a descubrir y desarrollar sus dones…

Dios nos hace templos suyos. Cada cual está llamado a ser un pequeño lugar en el que Dios habita. Es como si en cada ser humano habitara una chispa de divinidad que ha de encenderse, mantenerse, crecer… También en ti. ¿Es posible considerar esto sin emocionarse? ¿Y qué hacemos para que las personas lleguen a descubrirse así, a reconocerse así, a vivirse con esta belleza?

Si esto es así, imagina ahora la escena de Butiñá predicando, enseñando a la gente, dando catequesis o confesando. Cada una de esas personas – humildes, sencillas, trabajadoras…- se acerca con sus problemas, experiencias, preguntas, deseos… Butiñá descubre que Dios está presente en cada una de ellas, sin excluir a ninguna. En cada una está dando ser, en cada una habitando, en cada una animando… Considera qué hace Butiñá, qué les dice para que cada cual pueda descubrir la chispa de divinidad que la habita.

Mira ahora las personas de nuestro mundo, primero aquellas con las que te relacionas en la comunidad, en la familia, en el trabajo, en la pastoral… También aquellas personas que ves por televisión: trabajadores, migrantes, mujeres… Descubre en ellos, en todos, en los más lejanos, en los más cercanos, la chispa de divinidad que hemos de cuidar y procurar que nunca se apague.

Mira esa chispa de divinidad también presente en ti. En la vida cotidiana habrá pequeños gestos que permitan cultivar ese fueguito que cada uno somos. ¿Te sientes movida a colaborar en esa forma particular de amar y servir?

“Entonces, Señor, ¿qué aguardo?

Mi esperanza está en ti”.

Sal 39, 8.

 

Por último, podemos imaginar a Butiñá alegre e ilusionado, como cada año, con la llegada del Señor en Navidad.

Seguro que alguna vez has tenido la oportunidad de contemplar el amanecer… Es un momento precioso. Todavía es de noche y está oscuro, pero en el horizonte ya se adivina un resplandor. Poco a poco, el firmamento se vuelve más y más claro. Con la llegada de la luz, nos sentimos más llenos de vida y esperanza.

Este año, 2020, en todo el mundo está siendo especialmente difícil. La pandemia impone por todas partes restricciones, cuarentenas, enfermedad, sufrimiento, problemas económicos, angustia, muerte… Es el rostro de una compleja oscuridad que amenaza con desesperarnos.

Y, sin embargo, en el Adviento del año del covid, DIOS LLEGA. Dios está. Dios sigue queriendo habitar nuestro mundo y habitarnos a cada uno. ¿No es esto suficiente para llenarnos de una profunda alegría?

Que Francisco Butiñá nos ayude a mantener esta esperanza. Él, que fue especialmente devoto de la Virgen de la Esperanza, nos ponga junto a nuestra madre para aguardar la llegada del que viene a salvarnos.

 

5 respuestas añadidas

  1. Para mi el padre
    Butiña fue un gran misionero defensor de la familia y de la mujer y del trabajo y la alabanza a Dios en el trabajo que dejó su carisma a las hermanas josefina y gracias a ellas conocí sus obras .soy de España

  2. Gracias padre Butiñá por mirar esas personas que tanto bien nos hacen y a la vez podemos hacer, en ese panadero cuando ronrie a las 7 de la mañana, esos trabajadores temporeros que ahora solo tienen como casa un viejo coche pero felices de ganar un jornal, aprender de las hermanas el carisma de estar contenta ver lo positivo en cada situación , momento de mi vida, solo decir gracias por tu vida en nosotras padre Butiña

  3. Butiña, hombre de Dios que nos acerca al Dios con rostro de obrero, al Jesús del taller de Nazaret.

  4. Gracias a las hnas.hijas de San José e conocido las enseñanzas del padre Francisco Butiña’ sus conocimientos es muy amplio y me sorprende tanta sabiduría que contagia su manera de ser esto me motiva a ser perseverante y hacer las cosas con más amor y entrega para seguir agradando a nuestro padre Dios aunque es una lucha constante y aunque nos llege el desánimo tengo la certeza de que el p.Butiña’ está ahí animandome como lo hizo con muchos hombres y mujeres que conoció a lo largo de su caminar, no importa en que situación nos encontremos él siempre está ahí con las palabras adecuadas para reanimarnos y darnos esa confianza que a veces perdemos cuando vemos obscuridad, él se hace luz en nuestro sendero gracias.padre Butiña’ por enseñarnos tanto y dejar palabras vivas en nuestros corazones Dios quiera que todos los pueblos y comunidades te conozcan y habrán las puertas de su corazón para que realicen grandes obras en favor de los pobres y necesitados así como lo has hecho con mi familia doméstica dónde se comparte la palabra de Dios y se vive en oración por los enfermos y familias que no conocen a Jesús en todo esto debemos amar y servir.A nuestro prójimo dar y darse siguiendo tus enseñanzas.

  5. Es un día muy importante del Padre Francisco Butiña jesuita profesor y fundador de las congregaciones religiosas he conocido su labor de trabajo y de su espiritualidad gracias a las hermanas que cruzaron por Pulpí tuve ese privilegio de conocer al Padre Francisco Butiña su bondad su voluntad al mundo trabajador obrero y pobre pero lo importante era la oración que hacía antes de salir a sus labores un ejemplo a seguir por dejar huellas de humildad de sencillez y fundar la familia Nazaret dónde estamos acogidos por su gran amor ir a la labor que nos dejó de evangelizar a nuestros hermanos Mirian del taller de Pulpi

Deja tu comentario