AMIGOS EN EL SEÑOR, AMIGOS EN EL TALLER

“Anda entonces y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37)

Hace unas semanas, contemplábamos a Jesús saliendo a la misión. Fuimos con Él. Nos sentimos convocados y enviados. Ofrecimos nuestras manos al trabajo. Aquí estamos. Aquí seguimos.

Hoy queremos profundizar en la misión desde una perspectiva concreta, la de la fraternidad, la de la amistad. Elegimos este aspecto en este tiempo misterioso, cuando es tan difícil encontrarnos y, sin embargo, ¡cuánto lo necesitamos!

Nos estamos haciendo conscientes de que ser AMIGO es ser cuidador del otro. Y cuidar al otro, cuidarnos mutuamente es, ahora, parte imprescindible de nuestra misión.

Cuando Jesús envía a sus discípulos, no los manda en solitario, sino que prefiere que vayan de dos en dos. Necesitamos al otro cuando nos caemos, porque no podemos levantarnos solos. Pero también necesitamos al otro para brindar, porque ¡qué triste sería una celebración en solitario! Necesitamos a los amigos, a los AMIGOS EN EL SEÑOR, que somos en la comunidad, en la pareja, en la familia, en el Taller… Necesitamos darnos como cuidadores y recibir con agradecimiento los cuidados de otros.

Al final del camino, ¿qué nos quedará? Como dice Casaldáliga, un corazón lleno de nombres. Al final – sea el camino de un día, de una semana, o la vida entera –  lo más importante será lo que interiormente hayamos cultivado y el cariño de las personas amadas.

Oramos con la Palabra de Dios  (Mc 10, 25-37)

En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta:

—Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

Jesús replicó:

—¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?

Como respuesta el hombre citó:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

—Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.

 Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús:

—¿Y quién es mi prójimo?

Jesús respondió:

—Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto.  Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo.  Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo.  Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él.  Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó.  Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”.  ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

—El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley.

—Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

 

Nos situamos junto a Jesús, que invita a imaginar la escena. Es una parábola muy viva, en la que fácilmente podemos entrar en la experiencia de los distintos personajes: el sacerdote y el levita, que tenían sus razones para actuar como actuaron. El hombre herido, del que no se dice nada, ni su nombre, ni su profesión, ni sus circunstancias, pues es suficiente con saber que está herido. El samaritano, perteneciente a un pueblo de mala fama, enemigo en teoría, que se arriesgó a detenerse en un camino donde podían seguir agazapados los salteadores. La compasión le movía, para hacer mucho más de lo que era su deber de primer socorro. Definitivamente, se complicó la vida por un desconocido. ¿De dónde se sacan las fuerzas para actuar así?

Así fue Jesús. Podemos tomar esta parábola como autobiográfica, contemplar cómo se arrodilla sobre nuestras heridas y escuchar su voz inconfundible: “Haz tú lo mismo, cuida de tus amigos, de tus familiares, de tu grupo, de la gente con la que trabajas…” ¿A quiénes eres enviado en clave de cuidado?

Oramos con la enseñanza del Papa Francisco:

Miremos el modelo del buen samaritano. Es un texto que nos invita a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social. Es un llamado siempre nuevo, aunque está escrito como ley fundamental de nuestro ser: que la sociedad se encamine a la prosecución del bien común y, a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano. Con sus gestos, el buen samaritano reflejó que «la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro».

Fratelli Tutti, núm. 66

Oramos y agradecemos el don de la fraternidad en el Taller:

“Un buen amigo, que sea nuestro abogado en las dudas, nuestro consuelo en las tribulaciones, nuestro guía en la bonanza, nuestro consuelo en las persecuciones, nuestro estímulo en la virtud, nuestro juez en las faltas, es un gran tesoro”. 

Francisco Butiñá, “Les Migdiades del Mes de Maig”

 

En estos días, tenemos la ocasión de considerar cómo nos sentimos AMIGOS EN EL SEÑOR Y EN EL TALLER. Porque hemos sido convocados al Taller, Dios nos ha regalado hermanos y hermanas. Cada uno somos regalo para los demás. Y esa es también, y muy importante, nuestra misión: ejercer de regalo, SER REGALO, y que el regalo de esta amistad se extienda desde el Taller, como en círculos concéntricos, y alcance a “cuidar” a más personas, a tantas como nos encontramos en nuestro día a día.

EN ESTADO DE MARCHA

La vida, un ir y venir de nombres,
de rostros, de presencias
que sostienen y acompañan.
Amistades forjadas en el fuego
de tu Buena Noticia.
Una misión común.
Miedos que, con otros, se llevan mejor.
Proyectos que se sueñan
alrededor de una mesa,
alzan el vuelo en la imaginación
y un día cobran cuerpo.
Fracasos compartidos.
Aciertos celebrados.
Fragilidades entrevistas.
Abandonos y añoranza,
fidelidad y gratitud.
Alguna decepción.
Risas de complicidad.
Lágrimas fecundas.
Un evangelio festejado
en ese banquete
donde el amor
no necesita maquillaje.
Miradas que hablan
sin necesidad de palabras.
Apóstoles de la alegría,
caminando hacia la tierra nueva.

J.M. Rodríguez Olaizola sj

UN GESTO PRÁCTICO

Como venimos anunciando, en estos días, del 19 al 24 de este mes, celebraremos la semana de la amistad josefina. Por ello invitamos a un gesto práctico: tenemos un AMIGO INVISIBLE en este Taller internacional, por el que orar y con el que tener pequeños detalles de ánimo y comunicación en esta semana. Por eso, cada uno de nosotros recibirá un número de teléfono  que corresponderá al compañero o compañera por el que vamos a orar y con quien tendremos esa cercanía.

Es importante participar, siguiendo las consignas que cada día nos indiquen. Ni más… para no cansar mucho a nuestro amigo… Ni tampoco menos… porque a todos nos hacen bien las expresiones de amistad y cercanía.

El sábado 24, a la hora acostumbrada, tendremos zoom y será el momento del descubrimiento.

Si alguien tiene algún problema para participar, por favor, que nos lo comunique en privado a cualquier de las personas del Equipo de Pastoral. Gracias y feliz semana.