CRIATURAS EN LA CREACIÓN

“Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es sagrado”. (Ex 3, 5)

Hace unas semanas, tuvimos la oportunidad de rezar el “Principio y Fundamento”, es decir, la experiencia de sabernos criaturas amadas, sostenidas y salvadas por Dios. Pero el Principio y Fundamento es mucho más que un ejercicio de oración, es una situación de vida. Por eso es tan importante volver sobre ello, permitir que nuestra vida se afiance en la experiencia de Dios-Amor.

Encontrarnos con el AMOR es lo primero que tiene que ocurrirnos, por eso es el Principio, y es lo que no se puede perder, sean cuales sean las limitaciones o dificultades que encontremos; es también la base, el Fundamento de la vida. Hoy es un día para detenernos a contemplar hasta dónde mi vida ha sido ganada por el AMOR.

Y como expresión de ese Amor de Dios-Padre-Madre, hoy nos invitamos a mirar contemplativamente, con recogimiento, con verdadera reverencia, la obra de la CREACIÓN, la Tierra que nos envuelve y sostiene, con todas las criaturas con las que compartimos el viaje de la vida.

Nos unimos así a la solicitud del Papa, que insta a los 1.200 millones de católicos del mundo y a todas las personas de buena voluntad a tomar medidas urgentes contra la injusticia del cambio climático y la crisis ecológica, para proteger a los pobres y las generaciones futuras. Su carta encíclica “Laudato Si” es una llamada convincente para cuidar nuestro hogar común, la Tierra.

También nos unimos al “Tiempo de la Creación” que se celebra del 1 de septiembre al 4 de octubre de 2020, memoria litúrgica de San Francisco de Asís.

Oramos con la Palabra de Dios:

Moisés pastoreaba el rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Guió al rebaño lejos, por el desierto, y llegó al Horeb la montaña de Dios, y allí se le manifestó el Ángel del Señor, bajo la apariencia de una llama que ardía en medio de una zarza. Al fijarse, vio que la zarza estaba ardiendo pero no se consumía. Entonces Moisés se dijo: “Voy a acercarme para contemplar esta maravillosa visión y ver por qué no se consume la zarza”. Cuando el Señor vio que se aceraba para mirar, lo llamó desde la zarza:

-¡Moisés! ¡Moisés!

El respondió:

-¡Aquí estoy!

Dios le dijo:

– No te acerques, quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es sagrado.

Y añadió:

-Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

Moisés se cubrió el rostro, porque temía mirar a Dios.

El Señor siguió diciendo:

-¡He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias! Voy a bajar a librarlo…

Ex 3, 1-5

Al entrar en la contemplación de esta escena,  nos detenemos ante la invitación que Moisés escucha: “quítate las sandalias… porque estás en tierra sagrada”. Contempla el gesto de Moisés, humilde y reverente, con la conciencia de encontrarse ante algo que le sobrepasa. Tal vez tú también deseas realizar un gesto de reconocimiento y reverencia ante la Presencia de Dios-Amor.

Necesitamos descubrir la presencia de Dios en lugares que contemplamos cotidianamente. Quizás hoy, por las limitaciones de movilidad que nos impone la pandemia, no estás tan en contacto con la naturaleza como quisieras, pero en tu casa hay unas plantas, o ves un trozo de cielo, o cuidas de una mascota… O en el camino al trabajo, ves un árbol, unas flores, una fuente… que te hablan de la presencia de Dios, dador de vida. ¿Cómo cultivas en ti la actitud de reverencia, cuidado, la conciencia de estar en un “medio sagrado”?

Cuando Dios habla a Moisés, le habla del dolor del pueblo. Hoy, Dios, nos habla del dolor de las criaturas, sometidas a la esclavitud del fuego, la desertización, la contaminación… La explotación, el descuido, el excesivo consumo está provocando la desaparición de miles de especies y amenazando seriamente a muchos pueblos, ya empobrecidos. Escucha estas palabras del Creador: “He visto la opresión contra la Tierra”…. ¿Cómo te sientes? ¿Qué puedes ofrecer de tu parte?

Oramos con la enseñanza del Papa:

De la Encíclica “LAUDATO SI”, SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN:

9. Al mismo tiempo, Bartolomé (*) llamó la atención sobre las raíces éticas y espirituales de los problemas ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no sólo en la técnica sino en un cambio del ser humano, porque de otro modo afrontaríamos sólo los síntomas. Nos propuso pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que «significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios. Es liberación del miedo, de la avidez, de la dependencia». Los cristianos, además,  estamos llamados a « aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global. Es nuestra humilde convicción que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta». 

220. Esta conversión supone diversas actitudes que se conjugan para movilizar un cuidado generoso y lleno de ternura. En primer lugar implica gratitud y gratuidad, es decir, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos aunque nadie los vea o los reconozca: «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha […] y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará» (Mt 6,3-4). También implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo, para resolver los dramas del mundo, ofreciéndose a Dios «como un sacrificio vivo, santo y agradable» (Rm 12,1). No entiende su superioridad como motivo de gloria personal o de dominio irresponsable, sino como una capacidad diferente, que a su vez le impone una grave responsabilidad que brota de su fe.

(*) El Papa se refiere al Patriarca de la iglesia ortodoxa Bartolomé, con el que comparte la preocupación por el medio ambiente y la esperanza de una comunión eclesial plena.

Oramos y agradecemos el don de la naturaleza con la expresión del P. Butiñá:

En el prólogo de “La Venjança del Martre”, obra dedicada a San Martiriá, patrono de su Bañolas natal, Butiñá se expresa, no solo con gran cariño por su tierra, en la que estaba profundamente arraigado, sino también con admiración ante el paisaje en el que transcurrió su niñez.

“Cuando con la imaginación contemplaba el pintoresco lago de mi villa, ahora surcado por grupos de patos, anteriormente arrebolado por los saltitos y piruetas de un vuelo de aves acuáticas; cuando me figuraba ver pintadas en sus plateadas aguas, ya las verdes montañas de Rocacorva y de Sant Patllari, ya las blanqueadas cimas de la Mare de Déu del Mont, ya las blanquinosas crestas del Canigó, no podía sino admirar la belleza y bondad infinita del Creador, que tan bellísima morada fabrica para pobres desterrados”.

  • Como Butiñá, cada uno de nosotros también podemos recrear el paisaje de nuestra infancia, u otro especialmente significativo para cada uno. Siéntete en comunión con muchos hombres y mujeres que han descubierto en la naturaleza el lenguaje por el que Dios habla de su amor y providencia.
ORACIÓN POR NUESTRA TIERRA

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos
como hermanos y hermanas sin dañar a nadie.
Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados
y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas, para que seamos
protectores del mundo y no depredadores,
para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

Papa Francisco de Laudato Si’

UN GESTO PRÁCTICO

Como fruto de nuestra oración, tengamos un gesto práctico. Seguramente muchos ya tenemos incorporados hábitos como separar los residuos, reutilizar el papel o el plástico, evitar consumos innecesarios, reciclar algunas cosas… Pero, además, podemos crear, generar algo que redunde en fertilidad y vida. Mira cómo puedes hacerlo en tu casa. ¿Te apuntas?