LOS AMIGOS

“Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Desde ahora os llamaré amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”.

Jn 15, 14-15

Petición

Conocimiento interno del Señor que prefirió compartir la misión con un grupo de amigos, para que formando parte yo también de ese grupo más le ame y le siga.

 

El grupo de los amigos de Jesús

Jesús, como predicador itinerante del Reino de Dios, no fue nunca en solitario. Para comenzar salió al encuentro de los que esperaban, en una larga fila, el bautismo de Juan, como muchos otros hombres y mujeres de su tiempo. Y, a continuación, cuando se distancia del Bautista para iniciar su propio anuncio del Reino, enseguida busca compañeros, que se convertirán en discípulos y  amigos.

Necesitamos contemplar, muchas veces, esta relación de amistad, de convivencia con el Maestro: cómo hablan, cómo caminan, como disfrutan o se preocupan, cómo Jesús les enseña, cómo confía en ellos…

Todos tenemos experiencia de amistad y sabemos lo que se experimenta junto a un gran amigo. A veces, no es fácil decirlo con palabras o, en todo caso, las palabras se quedan cortas. Algunos pasajes evangélicos nos permiten intuir qué fue lo que experimentaron los discípulos junto a Jesús, con qué novedad lo fueron conociendo y queriendo. Descubrirán a Jesús como…

  • El que desprende LUZ (Jn 8, 12). Junto a Jesús todo se volvía luminoso, claro, alegre, cálido… Esta experiencia de luz les permitía traspasar la superficie de las cosas, ir más allá, conocer de manera nueva a las personas, ver la misma realidad de siempre de una manera nueva.
  • El que infunde PAZ (Mt 10, 26 -31). En numerosas ocasiones, Jesús se dirige a sus discípulos animándoles y diciéndoles que no tengan miedo. Jesús es el que invita a vivir a la luz del día, el que mueve a la confianza, a la paz del corazón, a la sencillez de los que se saben hijos e hijas de Dios, cuidados por Dios.
  • El que contagia VIDA (Jn 6, 35-38). Jesús transmite vida y capacidad de contagiar vida. Jesús era una de esas personas que, cuando las conoces, te transmiten ganas de vivir. En este discurso del pan de vida, Jesús se presenta como el alimento que fortalece, que nos permite perseverar, que nos anima a confiar y a seguir adelante. Jesús era de esas personas que desbordan vida y vida en abundancia.

 

Así describe el P. Butiñá, en “La Luz del Menestral”, el encuentro de Jesús con los discípulos:

“Admitido Felipe en la compañía de Jesús no cabía en sí de contento, por lo cual, al encontrarse poco después de su elección con Natanael, le dijo lleno de gozo….”

En la oración, que nos dejemos impregnar por este gozo de ser también nosotros parte de esta hermosa historia de amistad con Jesús y que eso haga crecer la amistad entre nosotros. Que nos sintamos y seamos verdaderamente “amigos en el Señor”.

SOLO SÉ CÓMO SE LLAMA

Que si nació hoy, que si nació ayer, 
que si nació aquí, que si nació allá.
Que si murió a los 33, que si murió a los 36, que cuántos clavos, 
que cuántos panes y pescados.
Que si eran reyes, que si eran magos.
Que si tenía hermanos, que si no tenía.
Que dónde está, que cuándo vuelve.

Yo lo único que sé es que....
A mí me tomó de la mano cuando más lo necesitaba.
Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas.
Me enseñó a llorar con fuerzas y dejar ir.
Me enseñó a despertarme saludando al sol
y a acostarme con la cabeza tranquila.
A caminar muy lento y muy descalza.
Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mí.
Me enseñó mucho, me enseñó todo.
Me enseñó a quererme con ganas.
A querer a quien tengo al lado y a darle la mano.
Me enseñó que siempre me está hablando 
en lo cotidiano, en lo sencillo,
a manera de mensajes y que para escucharlo, 
tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un “gracias” o un “perdón” 
lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor
y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuánto me ama a través de 1.000 detalles.
Me enseñó que los milagros sí existen.
Me enseñó que si yo no perdono, 
soy yo quien se queda prisionera;
y que para perdonar, primero tengo que perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien 
pero que actúe bien a pesar de todo.
Me enseñó a confiar en mí 
y a levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo dentro y no afuera.
Me deja que me aleje, sin enojarse. 
Que salga a conocer la vida. 
A equivocarme y aprender.
Y me sigue cuidando y esperando.

Hasta me dejó aprender de otros maestros sin ponerse celoso;
porque es de necios no escuchar a todo el que habla de amor.
Me enseñó que solo estoy aquí por un tiempo, 
y solo ocupo un lugar pequeño.
Y me pidió que sea feliz y viva en paz, 
que me esfuerce cada día en ser mejor
y en compartir su luz conociendo mi sombra.
Que disfrute, que ría, que valore, 
y que Él siempre va a estar en mí...
Que aunque dude y tenga miedo, confíe, 
ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mí....

Se llama Jesús…
 
Gabriela Mistral

 

Para compartir: 

Una de las mejores formas de expresar la alegría de la amistad es a través de la música. 

Buscamos en internet una canción que exprese para nosotros la experiencia de amistad con Jesús y entre nosotros, que somos “amigos en el Señor”. La compartimos en el grupo. O, si lo preferimos, podemos cantar nosotros mismos y compartir el audio.