Nazaret

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Del Papa Francisco

“Nazaret es una dimensión permanente en el hombre apostólico. No se trata, pues, de ver la vida oculta como un estadio previo de la vida pública, sino como síntesis de toda la vida del Señor. A veces hemos creído que la vida oculta era nuestra etapa de formación y la vida pública, los años que van después del sacerdocio. La cosa no es así, Nazaret es una dimensión permanente en el hombre apostólico. El que quiere más acción necesita más contemplación”.

EE. a los Obispos españoles

De Francisco Butiñá, SJ

“Un Dios infinitamente sabio e impecable, que venía al mundo para enseñarle su divina doctrina, obedece por espacio de treinta años a dos santas criaturas en las faenas más humildes, y obedece sin excusas, con sencillez y alegría, y con todo el afecto de su corazón. ¡Qué confusión para nuestra soberbia, que no busca más que independencia y cargos brillantes”.

La Joya del cristiá

Cosa divina es no caber en lo más grande y, sin embargo, encerrarse por entero en lo más pequeño.

Ante nosotros, un día para “entrar en Nazaret”… Algo que nos suena, como un lugar habitual, nuestro, conocido. Pero intenta hacer una cosa: entra en Nazaret como si fuera nuevo, no lleves ideas preconcebidas…. Déjate atrapar por el misterio.

Dice el Evangelio que “Jesús bajó con ellos a Nazaret”. Geográficamente, Jerusalén está más alto. Nazaret es un descenso, una invitación a “desaparecer” dentro de la limitación humana.

No idealicemos Nazaret. Cuando Jesús, durante su vida pública, vuelve a su pueblo de origen se encontrará con el conflicto, la falta de fe, la desconfianza de sus vecinos, que incomprensiblemente quieren despeñarlo.

Jesús se pasó la vida descendiendo para poder salvar. El Cristo que nos salva pasa 30 años en la vida oculta y esto es difícil de entender. ¿Se nos quiere decir algo con esta desproporción: 30 años de vida oculta y 3 de predicación?

¡30 años! Jesús asumiendo con sencillez la vida que el Padre le ofrece: la vida propia de un carpintero, de un nazareno, de uno de tantos. Solo se salva desde dentro. Solo se salva aquella realidad en la que nos encarnamos.

Todos dependemos mucho de lo que ha sido nuestra vida cotidiana. Nadie se inventa a los 30 años. Jesús, tampoco. Para crecer, hay que bajar, hay que hacerse “entero” en lo cotidiano, en lo pequeño. Nazaret fue el medio que el Padre concedió a Jesús para conocer en profundidad la experiencia humana. Sólo así podrá llegar para Jesús el momento de proclamar las bienaventuranzas.

Nazaret es escuela del Evangelio porque nos enseña a buscar la paz dentro, en el sentido de la vida desde la fe, en el amor cristiano que, discretamente, hace nuevas todas las cosas. Nazaret nos enseña que el seguimiento consiste en santificar cada momento, en la circunstancia que sea, incluso en la monotonía, en lo cotidiano, en el “ahora y aquí”… sin esperar a una realidad más novedosa, más favorable, más atractiva.

Y en medio de la cotidianidad de Nazaret, el Evangelio relata un acontecimiento que marca una cierta ruptura. A los 12 años, Jesús se pierde y después de tres días lo encuentran en el Templo (Lc 2, 41-50). En aquella cultura, la edad de 12 años era la edad de la decisión personal. Y Jesús decide quedarse en Jerusalén.

El relato nos habla de perder, buscar, encontrar… Al verlo se quedan extrañados, no lo comprenden… María y José aman profundamente a Jesús. Pero Jesús suscita interrogantes que tendrán que aprender a sostener con paz. También nuestra vida está llena de interrogantes. No podemos vivir a golpe de certeza.

No existe comunidad humana si no hay apertura de corazón al misterio del otro. Toda comunidad tiene algo de misterio. Hay algo del otro que no conozco, que no comprendo, que me hace sufrir, como Jesús hace sufrir a María y a José cuando se pierde en el Templo. ¿Dónde situamos ese misterio? ¿Podríamos situarlo en el corazón?

Hoy, la invitación es pasar una jornada con Jesús, un día cualquiera de esos 30 años. Imaginemos los “caminos” de Nazaret. Probablemente, como todos los artesanos pobres de su época, José y Jesús difícilmente encontraban trabajo “fijo” en Nazaret. Seguro que muchas jornadas tuvieron que hacerlas caminando, buscando trabajo en poblaciones cercanas, quizás más grandes, como Séforis, que entonces se estaba construyendo. Caminemos junto a ellos. 

"Sobre todo confía en el lento trabajo de Dios".

P.Teilhard de Chardin

Consigna para el día de hoy:

Hagamos un gesto concreto. Busquemos un lugar o una persona que necesite hoy algo de lo que se vive en Nazaret. Envía una foto o un comentario. 

Santos Alonso Rodríguez y Pedro Claver

¿Cómo nacen las cosas en la vida espiritual?

La vida de dos santos nos va a mostrar que lo más grande, con frecuencia, nace de lo más pequeño. La vida sencilla de Alonso Rodríguez, portero en un colegio, hizo nacer en el estudiante Pedro Claver el deseo de entregar su vida al servicio de los esclavos. Dejemos que estas dos vidas acompañen nuestro día.


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