San José, custodio y protector de la Iglesia

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Octavo día: San José, custodio y protector de la Iglesia

Motivación inicial: Nosotros contemplamos a San José como protector de las familias y de la Iglesia. Le pedimos que guarde a nuestras familias y a la Iglesia, nuestra gran familia, como él ha guardado y protegido a su familia de Nazaret.

Palabra de Dios:

“El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, toma al niño y a tu madre, y vuelve al país de Israel” (Mt 2, 13).

 

Comentario a partir de la Palabra:

José ha vivido su vocación de protector de María y de Jesús, en una constante atención a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto. José ejerce esta misión con discreción, humildad, en silencio…

Después de su Resurrección, Jesucristo tiene un nuevo cuerpo místico, que es la Iglesia. Nuestros pastores tienen la misión de animar este cuerpo místico, del cual todos los fieles creyentes somos miembros. Tienen la misión de mantener y hacer crecer la vida de Jesús en todos los cristianos. ¿Y no es esa la vida de San José? ¿Podemos encontrar un modelo mejor? Así, San José, protector y custodio del Hijo de Dios, se convierte, por gracia de Dios, en patrón de la Iglesia.

Extraído de un Mensaje del Papa en la fiesta de San José (2013):

Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación.

Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

El preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.

Para reflexionar y compartir:

  • ¿He experimentado alguna vez en mi vida la protección de San José?

Oremos: San José, tierno esposo de María, tú compartes con ella las alegrías y dificultades en la misión de cuidar al Hijo de Dios y ayudarlo a crecer. San José, ensáñanos a amar a la Iglesia, a ser fieles a la Eucaristía, a participar en su misión y a hacerla crecer con nuestra vida de fe, con nuestro anuncio de la Buena Noticia y con nuestro ejercicio de la caridad.

Te confiamos el cuidado de todas las comunidades cristianas, a fin de que en ellas siempre reine la paz de Cristo. En su nombre hemos sido llamados a participar en un mismo cuerpo. Guarda en tu corazón la vida del Papa, de nuestros obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, catequistas, misioneros… para que todos seamos uno en el amor. Y haz que la Iglesia sea, en medio del mundo, un recinto de paz, de justicia y de amor, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.