San José, luz en nuestras noches

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Sexto día: San José, luz en nuestras noches

 

Motivación inicial: En este sexto día, contemplamos a José como modelo de paz y de esperanza en medio de las dificultades de la vida. En medio de la noche, escucha la voz del Padre. En medio de la noche, reconoce la voz de Dios como una luz y la acoge con una esperanza activa. Hoy es un día para pedirle por todos aquellos y aquellas que viven en la oscuridad.

 

Palabra de Dios:

Del Evangelio según San Lucas:

“Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Vayamos pues hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer” (Lc 2, 15).

 

Comentario a la Palabra de Dios: Cuando nosotros deseamos con fuerza alguna cosa y no la obtenemos, el sufrimiento, la preocupación, la inquietud hace su aparición. Cuando la noche nubla nuestros pensamientos y nuestras decisiones, entramos en un proceso de desencanto. San José, en la inquietud de no poder ofrecer a su esposa un sitio adecuado para el nacimiento del niño, descubre, en obediencia y confianza, un lugar sumido en el olvido total: un establo, un pesebre que se va a convertir en cuna. Es este lugar de pobreza, de abajamiento, de total obscuridad, el que recibirá la más dulce claridad, la luz más fuerte: la estrella de la Redención.

Más allá de nuestras noches, San José nos enseña a adorar, a estrechar a Jesús en nuestro corazón, para cuidar el fuego del amor y guardar encendida la lámpara de la fe, que ilumine nuestros exilios, nuestros caminos, como guardó los suyos, de Belén a Egipto, de Egipto a Nazaret, y de Nazaret a otros lugares de Galilea donde posiblemente tuvo que desplazarse para buscar trabajo.

 

Para reflexionar y compartir:

  • ¿Cómo podemos ser portadores de esperanza en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo, entre nuestros vecinos, en nuestras parroquias?

 

Oremos:

Con José, modelo para todos aquellos que buscan consuelo y luz, Señor, te pedimos que nos enseñes a entrar en la intimidad y la experiencia profunda de un Dios próximo, que nos ama profundamente, para que podamos vivirlo todo, incluso nuestros momentos de inquietud y noche, en el abandono, la alegría y la paz.

Te pedimos por todos aquellos que se dejan abatir en las dificultades, que todos tengan la fuerza necesaria en medio del dolor y las preocupaciones de cada día.

Más allá de nuestras noches y de nuestras pobrezas, ensáñanos a acoger al Niño Jesús en nuestro corazón y condúcenos, a lo largo de nuestras noches, hacia la verdadera alegría de la vida.