San José, memoria de Dios Padre

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Motivación inicial: En este primer día de oración, fijamos nuestra atención en San José, atento y obediente a la voluntad de Dios sobre su vida. Con San José, en medio de nuestras dificultades, siempre podremos decirle a Dios Padre: “Que se haga, Señor, tu voluntad”.

Proclamación de la Palabra de Dios: Mt 1, 18-25

El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. (….) Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

Comentario a la Palabra:

Todo árbol tiene sus raíces propias. Cada árbol da el fruto que le es propio. Cada terreno tiene una consistencia, una composición, que hace posible que se desarrollen determinadas plantas. Lo mismo ocurre con nuestra filiación. El evangelio, a través de la genealogía, sitúa a Jesús encarnado en nuestra humanidad, hijo de Abraham e Hijo de Dios. Esa filiación llega a Jesús a través de José, tal como nos dice la Escritura: “Jacob engendró a José, el esposo de María de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (Mt 1, 16).

José será para Jesús la memoria del Padre. José aprende a reconocer la voz del Padre, que le irá marcando caminos, con frecuencia, insospechados. José permite que se cumplan los oráculos de los profetas: “De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11, 1). José, como buen judío, actúa conforme a la Ley del Señor: “Cada año, sus padres iban a Jerusalén a celebrar la fiesta de Pascua” (Lc 2, 41).

José será también la presencia paterna en la que el niño aprenderá a reconocer el amor de Dios Padre, la ternura del Abbá. Nuestro fundador, el P. Francisco Butiñá, nos invita a contemplar esta filial relación entre José y Jesús: “José amaba tiernamente a Jesús y era por él correspondido”. En esa relación de atención, de cuidado, de amor, Jesús percibe en su padre José la grandeza de un hombre creyente que camina abrazando la voluntad del Padre del cielo, del Padre Dios.

Inspirados en esta relación entre Jesús y José, cuidemos la escucha y respeto hacia nuestros padres y madres en la tierra, para así hacer memoria de nuestro Padre del Cielo.  Hijos e hijas de hombres y mujeres, podemos reconocernos hijos e hijas de Dios, en Jesucristo. Y hacer nuestra la oración que Jesús enseñó a sus discípulos: Padre Nuestro que estás en el cielo…

Para reflexionar y compartir: Cada día de nuestra novena, vamos a dedicar unos minutos a reflexionar sobre nuestra vida y, si es posible, compartir esta reflexión en forma de petición o acción de gracias.

  • ¿Cómo vivo la experiencia de ser hijo de Dios?
  • ¿Cómo percibo la voluntad de Dios sobre mi vida?

Oremos: SanJosé, que fuiste el padre de Jesús sobre la tierra, nosotros te tomamos como padre y modelo. Te pedimos que vengas en ayuda nuestra. Necesitamos tu protección para atravesar las dificultades de nuestras vidas. Necesitamos tu fortaleza y fe, que nos ayude a vivir como tú, obedientes y confiados, sumisos a la voluntad del Padre. Ayúdanos a decir siempre: “Que se haga tu voluntad, Señor”. 

Que todos aquellos que trabajan por edificar un mundo según el Evangelio se vean revestidos de tu fortaleza y valentía. A imagen tuya, San José, que podamos vivir en la escucha y el respeto a todos aquellos y aquellas con los que cada día nos encontramos en el camino de la vida. Ayúdanos a reconocerlos y recibirlos como hijos e hijas del Padre.

San José, memoria de Dios Padre