{"id":17851,"date":"2021-07-09T14:21:23","date_gmt":"2021-07-09T14:21:23","guid":{"rendered":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/?page_id=17851"},"modified":"2021-07-10T10:00:56","modified_gmt":"2021-07-10T10:00:56","slug":"de-la-vida-de-san-ignacio-ii","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/de-la-vida-de-san-ignacio-ii\/","title":{"rendered":"De la vida de San Ignacio (II)"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column width=&#8221;3\/4&#8243;][vc_single_image image=&#8221;17850&#8243; img_size=&#8221;full&#8221;][\/vc_column][vc_column width=&#8221;1\/4&#8243;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column width=&#8221;1\/3&#8243;][vc_custom_heading text=&#8221;De la vida de San Ignacio&#8221; font_container=&#8221;tag:h1|font_size:60|text_align:right&#8221; use_theme_fonts=&#8221;yes&#8221; css=&#8221;.vc_custom_1625840665912{padding-bottom: 10px !important;}&#8221;][vc_separator color=&#8221;orange&#8221; align=&#8221;align_right&#8221; border_width=&#8221;3&#8243; el_width=&#8221;80&#8243;][\/vc_column][vc_column width=&#8221;2\/3&#8243;][vc_column_text]El martes siguiente en su oraci\u00f3n nocturna se ve azotado una vez m\u00e1s por los escr\u00fapulos. De nuevo le asaltan las im\u00e1genes de su vida pasada y se inicia su letan\u00eda de recriminaciones a s\u00ed mismo. Con desesperaci\u00f3n percibe c\u00f3mo la familiar sombra de la culpa va domin\u00e1ndole. Pero esta vez ha llegado al l\u00edmite. Despu\u00e9s de meses de lucha no le quedan fuerzas ni siquiera para martirizarse. No sabe qu\u00e9 m\u00e1s puede hacer. Ha tocado fondo.<\/p>\n<p>Se rinde. En ese momento, y tal vez por primera vez en su vida, brota de \u00e9l una oraci\u00f3n distinta. Siente que \u00e9l solo, fr\u00e1gil y limitado, nada puede. Comprende que nada va a conseguir por sus propios medios. Por primera vez intuye que seguir a Dios no es cuesti\u00f3n de la propia perfecci\u00f3n, sino de dejarse acompa\u00f1ar, sanar, conducir. En esta rendici\u00f3n se est\u00e1 haciendo, por vez primera, absolutamente pobre. En su coraz\u00f3n deja de mirar hacia s\u00ed mismo y se vuelve a Dios. Y descubre que Dios est\u00e1 ah\u00ed. Que nunca ha\u00a0dejado de estar. S\u00f3lo que \u00e9l ha estado tan equivocado, busc\u00e1ndolo en otros lugares, persigui\u00e9ndolo donde no pod\u00eda encontrarlo&#8230; Vuelve el consuelo, la alegr\u00eda, m\u00e1s serena\u00a0que antes, la paz. Siente como que despierta de un mal sue\u00f1o. La losa que durante largos\u00a0meses le ha estado oprimiendo parece desvanecerse. Las l\u00e1grimas que ahora lavan su rostro hablan de alivio y de humildad, de encuentro, de esperanza y comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo interpretar este episodio? Podr\u00eda uno pensar, al acompa\u00f1ar a \u00cd\u00f1igo en su noche\u00a0oscura, que Dios ha sido muy duro con \u00e9l. \u00bfNo hubiese bastado con que mantuviese su\u00a0coraz\u00f3n cantando y calentito, lleno de fervor y devoci\u00f3n camino de Jerusal\u00e9n? \u00bfEra necesaria esta agon\u00eda?<\/p>\n<p>De entrada esas preguntas parten de una comprensi\u00f3n equ\u00edvoca de las cosas. Dios no ha \u00abhecho sufrir\u00bb a \u00cd\u00f1igo. Cuando, tiempo despu\u00e9s, escriba acerca de c\u00f3mo se desarrolla\u00a0en nosotros la lucha de diversos esp\u00edritus, en sus reglas de discernimiento, el mismo Ignacio afirmar\u00e1 que el desconsuelo es obra del mal esp\u00edritu en nosotros, nunca de Dios.<\/p>\n<p>Como mucho, Dios lo permite, pero no lo provoca. \u00bfQu\u00e9 padre har\u00eda algo as\u00ed con hijos a\u00a0quienes adora?<\/p>\n<p>Cambiemos entonces la pregunta: \u00bfPor qu\u00e9 Dios ha permitido esto? \u00bfPor qu\u00e9, si \u00cd\u00f1igo estaba tan desgarrado, no lo levant\u00f3 antes, no le llen\u00f3 de consuelo, de luz, de paz? \u00bfPor\u00a0qu\u00e9 no le invadi\u00f3? (y, tal vez, de paso, \u00bfpor qu\u00e9 a veces nosotros le buscamos y no terminamos de encontrarle?)<\/p>\n<p>Una imagen puede ser ilustrativa para entender el proceso espiritual de \u00cd\u00f1igo hasta este momento. En Loyola \u00cd\u00f1igo descubre un nuevo camino. Es Dios quien le ilusiona con ello. Y, sin embargo, el joven, aventurero e impulsivo, sinti\u00e9ndose convertido y curado, cree que ahora ya todo depende de s\u00ed. Es como si Dios le hubiese invitado a subir a un carro para llevarle a un lugar so\u00f1ado, y en vez de montarse en el carro dispuesto para \u00e9l, \u00cd\u00f1igo se empe\u00f1ara en empujar, incapaz de comprender que se tiene que dejar llevar. (\u2026)<\/p>\n<p>En el fondo ah\u00ed se estrella su espejismo de ser \u00abel mejor santo del mundo\u00bb. Ah\u00ed se estrella su ideal de perfecci\u00f3n. Ah\u00ed va de cabeza su orgullo. Hasta este momento todav\u00eda \u00cd\u00f1igo no ha ca\u00eddo en la cuenta de que lo que Dios le pide no es que sea un \u00cd\u00f1igo irreal, puro y magn\u00edfico; lo \u00fanico que Dios quiere es que \u00cd\u00f1igo, con sus fuerzas y flaquezas, se deje enamorar, seducir por el Cristo pobre y humilde que le est\u00e1 esperando, y que se convierta en testigo y transmisor de ese amor.<\/p>\n<p>\u00bfNo es algo familiar, y tristemente frecuente? Ese empe\u00f1o por tirar del carro, por cumplir, por hacer, por ser&#8230; que s\u00f3lo lleva a clavar la mirada en un espejo en lugar de mirar a Dios. A cargar \u2013heroica e in\u00fatilmente\u2013 con las limitaciones, empe\u00f1\u00e1ndose en corregirlas en lugar de dejar que sea Dios el que sane las heridas y abrace las miserias.<\/p>\n<p>Ese empe\u00f1o por hacerse fuertes en la fortaleza, en lugar de escuchar esa palabra que promete que la fuerza \u2013de Dios\u2013 se realiza en la debilidad \u2013la nuestra\u2013.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>J. M. Rodr\u00edguez Olaizola SJ, <em>Ignacio, nunca solo<\/em>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column width=&#8221;3\/4&#8243;][vc_single_image image=&#8221;17850&#8243; img_size=&#8221;full&#8221;][\/vc_column][vc_column width=&#8221;1\/4&#8243;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column width=&#8221;1\/3&#8243;][vc_custom_heading text=&#8221;De la vida de San Ignacio&#8221; font_container=&#8221;tag:h1|font_size:60|text_align:right&#8221; use_theme_fonts=&#8221;yes&#8221; css=&#8221;.vc_custom_1625840665912{padding-bottom: 10px !important;}&#8221;][vc_separator color=&#8221;orange&#8221; align=&#8221;align_right&#8221; border_width=&#8221;3&#8243;&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"give_campaign_id":0,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"class_list":["post-17851","page","type-page","status-publish","hentry"],"campaignId":"","brizy_media":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/17851","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17851"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/17851\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17899,"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/17851\/revisions\/17899"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/hijasdesanjose.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17851"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}