La mascarilla

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Con motivo de un diminutivo bichito, que nadie sabe si es insecto, si es larva, o simplemente está en la atmosfera, invisible, pero dañino, se han vertido ríos de tinta con titulares en todos los periódicos y revistas.

Cantantes, poetas, historiadores han sacado a la luz sus mejores historias, poemas, canciones, dibujos. “Frente a este río revuelto ha habido y hay ganancia de pescadores.”

Por otro lado, este pequeño “Bicho” nos hace a todos iguales y un poco diferentes  también. Salimos a la calle con nuestras mascarillas de todos los colores, tamaños y formas. Otra manera de mostrar el arte y el diseño de modistos y modistas.

Cuando de camino nos encontramos con alguien, en algunos momentos, ni siquiera nos reconocemos unos a otros. ”La mascarilla” desfigura nuestro semblante, cambia nuestra fisonomía, no nos percatamos si el que tenemos enfrente ríe o está triste, porque la mascarilla nos hace verle diferente, y en muchos momentos nos nubla la vista y nos impide ver al otro tal cual es, y nosotros mismos, también, nos mostramos diferentes.

“LA MASCARILLA”. Ese pequeño artilugio, que nos hace a todos iguales, nos invita a  reflexionar. ¿No llevamos en nuestro interior mascarillas que nos impiden ver, reconocer?

¿Qué máscaras tengo que quitarme yo? Así como la mascarilla que nos ponemos por miedo al contagio evita el mismo, hay otras máscaras que también las llevamos puestas y que llevándolas contagian de otro virus. Por eso, hoy, Señor, te pedimos: quita de nosotros la mascarilla del egoísmo para ser mas solidarios con los que sufren, con los que no tienen, con los que siente soledad, por causa de la Pandemia o por otros motivos.

Quita de nosotros, Señor, la mascarilla del egoísmo para que nunca miremos lo que damos o a quien lo damos, sino que lo demos incondicionalmente, para que no nos sintamos dolidos por lo que hacemos o damos sin recibir recompensa. 

Quita de nosotros la mascarilla del corazón duro, que impide ver lo bueno de los demás.

Quita de nosotros la mascarilla que nos impide ver al otro como hermano.

Quita de nosotros la mascarilla de la hipocresía que nos impide mostrarnos a los demás tal y como somos, con sinceridad y verdad.

CUANDO LAS MÁSCARAS SE CAEN,

APRENDES A DARLE A CADA PERSONA LO QUE SE MERECE

Carmen Hernández FSJ

Comunidad de Jerez de la Frontera