“Tomad, Señor y recibid toda mi libertad mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta”.

San Ignacio de Loyola

Dios habita en las criaturas. La creación es el lugar habitual y propio de Dios. Por eso, toda la realidad es un gran Templo. Todo es Presencia y Gracia. Contempla la creación, el paisaje que nos rodea… Pero contempla también el paisaje de tu vida cotidiana: las realidades, personas y paisajes habituales para ti son también el lugar donde, a partir de ahora, Dios te espera. Las criaturas, toda criatura… es el nuevo lugar de encuentro. Por eso puedes ofrecerte: “Tomad, Señor…” Dios trabaja y labora por mí. En otro lugar, Ignacio ha dicho “el que quiera venir conmigo, ha de trabajar conmigo”… “el Señor pasó tantos trabajos por mí”. Es un trabajo que cuesta, esforzado, sacrificado… pero que se hace por amor. Agradeciendo esta actividad de Dios por ti, ofrécete de nuevo: “Tomad, Señor…” Todos los bienes y dones descienden de arriba, como los rayos del sol… El sol es muy generoso. Está continuamente dándose y no mira si debajo hay malos o buenos. Dios es así, como el sol, pura generosidad, puro don, fuente de todo bien. Siempre.

"Más que el aire rodea al pájaro que vuela, más que el agua del mar envuelve al pez que nada, más que del aire que respiramos  y de la luz que nos ilumina nos encontramos penetrados de la inmensidad divina" 

F. Butinyà, "Las Migdiades del mes de maig"


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