Los relatos de las apariciones constituyen el modo en el que los evangelistas explican “como pueden” una experiencia  única, radicalmente nueva, sorprendente, desbordante.

Hay un signo de honradez muy importante, y es que los evangelistas no nos cuentan cómo fue la Resurrección.  El Resucitado es incognoscible y solo se le puede conocer si Él se manifiesta. Por ello, en los relatos de apariciones, el Resucitado se acerca y no lo reconocen. Hace falta un gesto del Resucitado para poder reconocerle.

Y este gesto del Resucitado tiene que ver con la situación del que es testigo. Por eso, el testigo será, en unos casos, llamado por el nombre; en otros casos, será alimentado con el pan; en otros casos, se le transmite paz, perdón…

¿Cómo es la experiencia de los testigos? Ven que es Él mismo, pero no es el mismo. Jesús, el Nazareno con el que comieron y bebieron, con el que recorrieron los caminos, ha entrada plena y definitivamente en la vida de Dios. Eso es algo que traspasa el espacio, el tiempo… Algo que supera todas nuestras categorías, pero algo que, al mismo tiempo, tiene efectos concretos en sus vidas.

Esta una manera de acercarse a la Resurrección: contemplando sus efectos en aquellos a quienes el Resucitado se revela.


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