HORA SANTA

Si no fuera por el coronavirus, en esta noche de Jueves Santo, muchos estaríamos en una capilla, en nuestra Parroquia, o en las Misiones de Semana Santa, en la Pascua juvenil o diocesana… Muchos, en más de una ocasión, hemos participado en el arreglo del Monumento, hemos animado este momento de oración, nos hemos turnado ante el Santísimo…

Este año es diferente, todo es diferente, y sin embargo, todo puede tener sentido.

En este día del amor fraterno, cuando adoramos el Cuerpo de Cristo, a punto de romperse por nosotros, se presenta ante nuestros ojos el actual Cuerpo de Cristo, que es la humanidad entera, que hoy como nunca sentimos herida por todas partes.

El nuevo Cuerpo de Cristo son los enfermos, las personas que padecen solas, los que carecen de recursos para afrontar la enfermedad, los que han perdido sus trabajos, los refugiados en tierra de nadie, más expuestos que nunca.

El nuevo Cuerpo de Cristo son también los que trabajan por la salud de todos, los que facilitan el orden, el transporte, la atención a los más necesitados, los que investigan contra reloj buscando una vacuna, tantos trabajadores que nos facilitan lo indispensable para vivir…

El nuevo Cuerpo de Cristo… que sufre, llora, sana, trabaja, reza y confía…

Hoy venimos a estar con Él, sencillamente, a estar en actitud reverente, agradecida, suplicante… sintiéndonos en COMUNIÓN con toda la Familia Josefina, con toda la Iglesia.

 

Dediquemos unos minutos a arreglar el espacio en el que vamos a orar, cada cual como más le ayude, para hacer presente la experiencia de COMUNIÓN a la que nos invita Jesús. Para ello, podemos inspirarnos en la ventana como símbolo, es decir, aquello que cada uno “abre” en estos días para ver y encontrarse con el mundo, con las personas, con uno mismo, con el corazón abierto de Jesús que tiene tanto que compartirnos… 

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 13, 31-35. 15, 13-16

“Ahora va a manifestarse la gloria del Hijo del hombre, y Dios será glorificado en Él. Y si Dios va a ser glorificado en el Hijo del hombre, también Dios lo glorificará a Él. Y lo va a hacer muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Me buscaréis, peo os digo ahora lo mismo que ya dije a los judíos: “A donde yo voy, vosotros no podéis venir”. Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Por el amor que os tengáis los unos a los otros, reconocerán que sois discípulos míos.

Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.

No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros”.

INVITACIÓN A LA CONTEMPLACIÓN:

Imaginemos el lugar, las personas, el ambiente. Jesús sabe que es una cena de despedida. No hay tiempo para superficialidades, sino solo para compartir con los amigos las cosas realmente importantes. Escuchemos a Jesús así. Quiere compartirnos sus deseos más profundos.

En estos tiempos de aislamiento, ¿cómo estamos viviendo el mandamiento del amor? Con los más cercanos aunque estén lejos, con mis vecinos aunque ahora sólo pueda verlos desde la ventana, con el desconocido que pasa, pero que también puede estar precisando de Jesús…

La Pasión comenzó en una fiesta. La tensión del momento, no debe hacernos olvidar que Jesús y sus amigos se juntaron a compartir un momento especial de amistad, de encuentro. Esa cena evoca muchos otros momentos de sentarse con los demás a compartir la vida. ¿Cómo vivimos la mesa compartida con Jesús? ¿A quién invitamos a nuestra mesa? ¿Dónde nos sentamos nosotros?

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 1-3

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. El Padre corta todas las ramas unidas a mí que no dan fruto. Ustedes ya están limpios, gracias a las palabras que les he comunicado. Permanezcan unidos a mí, como yo lo estoy a ustedes. Ninguna rama puede producir fruto por sí misma, sin permanecer unida a la vid, y lo mismo les ocurrirá a ustedes, si no están unidos a mí.

Yo soy la viña, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada. El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como las ramas que se secan y luego son amontonadas y arrojadas al fuego para ser quemadas.

Si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo tendrán. Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia y se manifiestan como discípulos míos”.

 

INVITACIÓN A LA CONTEMPLACIÓN:

Imagina una vid… Imagínate a ti mismo como una de esas pequeñas ramas unidas al tronco, recibiendo de la vid la savia de la vida.

¿Qué significa Jesús de Nazaret en tu vida? ¿Cómo vives la COMUNIÓN con Él?

En este tiempo de aislamiento, muchos seguimos las celebraciones por internet, por TV, y hacemos una “comunión espiritual”: ¿Qué experiencia de COMUNIÓN con Jesús estás viviendo estos días?

 

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 27-28

“Les dejo la paz, mi paz les doy. Una paz que el mundo no les puede dar. No se inquieten ni tengan miedo. Ya escucharon lo que dije: Me voy pero regresaré a ustedes”.

INVITACIÓN A LA ORACIÓN:

Jesús anuncia la paz, su paz. Déjate alcanzar por estas palabras y, sobre todo, por la fuerza, la convicción, el afecto con que Jesús lo diría a sus amigos…

Una de las cosas que ha cambiado en esta época de distanciamiento social es que hemos tenido que reducir el contacto físico. Los apretones de manos o abrazos en las celebraciones eucarísticas se han suprimido. En su lugar, ¿están surgiendo otro tipo de manifestaciones de afecto, cercanía y acogida?

Saborea el anuncio de paz que nos hace Jesús… Piensa en el momento que vives, que vivimos… Piensa en las personas de tu familia, de tu grupo, de tu comunidad… Amplía la mirada a tu pueblo o ciudad… Mira al mundo… ¿Qué es lo que, en estos momentos, te llena de paz, a pesar de todo?

Piensa, por ejemplo, que con esta Hora Santa estamos uniéndonos hermanas y laicos josefinos, ante Jesús, a diferentes horas, en diferentes lugares del mundo… ¿No es algo que te llena de paz?

ORACIÓN

Altar de Dios: el centro de la vida

con el Señor en medio de su pueblo,

mesa del pan que a todos nos convida

a reunirnos en un mundo nuevo.

Altar de Dios: la fuente de aguas vivas

para saciar la sed del universo:

“Que todos sean uno” en Jesucristo,

la oración del Señor, su testamento.

Pueblo de Dios, escucha su palabra,

que está el Señor presente entre los hombres;

pueblo de Dios, camino de la patria,

convoca a la unidad a las naciones.

Venid a la asamblea, de Dios es la llamada,

que nadie quede fuera, de todos es la casa.

Miembros de Cristo fieles, y de su amor testigos,

pueblo de Dios, de paz sediento y peregrino.

Pueblo de Dios, escucha su palabra,

que está el Señor presente entre los hombres;

pueblo de Dios, camino de la patria,

convoca a la unidad a las naciones.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Liturgia de las Horas