San José Obrero

"La persona que trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios mismo, se convierte un poco en creador del mundo que nos rodea".

Papa Francisco

El trabajo, esa realidad que, muchas veces, pasamos por alto, porque parece tan cotidiano y normal, porque se nos hace tan rutinario…

El trabajo, que cuando lo tenemos, lo hacemos renegando y quejándonos, y cuando nos falta se convierte en una angustia vital…

El trabajo, esa oportunidad que nos ha llevado a ser lo que somos como especie humana, a expresarnos a través de las más grandiosas obras de arte, a facilitar la vida con cada invento conseguido, a contemplar lo sublime de la naturaleza y la grandeza del universo…

El trabajo, tan importante que el mismo Dios, haciéndose hombre, quiso experimentar su dureza y su belleza, en la vida cotidiana de Jesús Obrero en Nazaret.

UNA LECTURA ORACIONAL DE LAS GLORIAS DE SAN JOSÉ

Francisco Butiñá tuvo gran interés por extender la devoción a San José y por presentarlo como modelo cercano a los trabajadores y trabajadoras de su tiempo. Al hacerlo, seguramente contribuyó a que muchos de sus contemporáneos pudieran dar un sentido cristiano a su trabajo, incluso al trabajo fabril que parecía nacer al margen de la fe. 

Hace unos días, un trabajador y una trabajadora de hoy tomaban en sus manos el libro de “Glorias de San José”, la gran obra de Francisco Butiñá. Párrafos escritos en el siglo XIX, en un contexto muy lejano, adquirían para ellos gran actualidad y eran capaces de suscitar su oración.

Agradecemos la lectura oracional que estos trabajadores creyentes nos ofrecen. Que nos ayude en nuestra propia oración: 

“…qué gozo y alegría tan del cielo bañaría el corazón de San José en trabajar todos los días con Jesús…”

F. Butiñá, GLORIAS DE SAN JOSÉ

Leyendo hoy…

El proyecto de Dios no es ajeno al trabajo porque confía a José, un artesano de Nazaret, la crianza de su hijo. Jesús aprende de un hombre servicial y trabajador, y con José se sumerge en la realidad compleja del mundo del trabajo.

“Para llegar a Egipto era preciso un viaje largo, el camino era escabroso, desconocido (…) sin guías, sin vituallas, sin suficientes alivios para conllevar las inclemencias de la estación y los sustos inevitables en riesgo tan inminente. (…) ¡Qué dolor! Y debe huir de su patria a un país extraño…”

F. Butiñá, GLORIAS DE SAN JOSÉ

Leyendo hoy…

Al contemplar la vida de José podemos apreciar semejanzas con problemas que persisten en nuestro tiempo, que muchas personas viven a diario. José fue migrante, como hoy lo son muchos hombres, mujeres y niños que experimentan el dolor de dejar su tierra, su hogar y hasta su familia, por encontrar un lugar seguro y apto para desarrollar la vida. Podemos contemplar a José que, cada vez que tuvo que migrar con su familia, debía buscar nuevas fuentes de trabajo para conseguir el sustento. ¿Cuántos migrantes llegan hoy a las puertas de nuestras  ciudades, con sus maletas llenas de sueños, esperando encontrar un trabajo digno, pero las encuentran cerradas o, en el peor de los casos, se exponen a la explotación y a la esclavitud?

“Y con todo permitía el Señor que a pesar de su habilidad y de su merecida fama de justo y hábil carpintero, se viera algunos días sin trabajo y sin jornal”.

F. Butiñá, GLORIAS DE SAN JOSÉ

Leyendo hoy…

Otra de las realidades que vivió Jesús al lado de José fue la de buscar trabajo, como vemos en algunas de las parábolas. Podemos imaginar a Jesús joven, saliendo junto con José a buscar trabajo, y negociando el jornal, sabiendo que sus talentos, sus fuerzas y sus destrezas eran las que le permitirían ganar apenas el sustento del día. ¿Cuántas personas están hoy en esa misma situación, buscando un empleo que les permita vivir dignamente a ellos y a sus familias? ¿Cuántos tienen que aceptar salarios indecorosos, injustos e inadecuados con la esperanza de tener algo, por mínimo que sea? ¿Cuántos sienten que sus estudios, su experiencia y sus talentos no son bien valorados? Estas son las realidades que Jesús experimentó y que hoy nosotros compartimos con Él.

“…no suspendiera el Santo su labor, ni dejara sus artefactos imperfectos… por esto ponía todos sus sentidos y potencias en que las piezas por él labradas saliesen bien acabadas y primorosas. Procuraba, además, no faltar ni levísimamente a la justicia…”

F. Butiñá, GLORIAS DE SAN JOSÉ

Leyendo hoy…

Así como José nos enseña el valor del trabajo, Jesús, que aprendió junto a José, nos muestra el camino de la solidaridad y la justicia. Y nosotros queremos comprometernos para que nuestras acciones, sean grandes o pequeñas, aporten esperanza a una sociedad en la que se dignifique y se ayude a crecer a la persona por medio del trabajo. 

“Por donde, aunque veía a Jesús afanado en su ayuda, trabajando en su taller como simple artesano, miraba en él no solo aquella hermosura exterior, embellecida por los filiales sudores… más también los esplendores de la divinidad, que en él moraba y trascendía a los ojos de la fe”.

F. Butiñá, GLORIAS DE SAN JOSÉ

Leyendo hoy…

Hermanos y hermanas obreros, no se sientan solos. San José los acompaña en cada jornada y Jesús, con su mensaje, trasciende el tiempo  para que ustedes se sientan libres a través del servicio que prestan con su trabajo.

PALABRA DE DIOS

En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada:
– ¿De dónde saca esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos
Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?
Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo:
– Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.

Y no pudo hacer allí muchos milagros por su falta de fe.

Mt 13, 54-58

ORACIÓN FINAL

Gracias, Señor, por hacerte uno de nosotros, uno de los nuestros; por compartir nuestra condición, nuestra causa; por no temer el escándalo de los nazarenos, por ser carpintero antes que Maestro. A ti, Señor Resucitado, te pedimos que “hagas prósperas las obras de nuestras manos” (Sal 89). Danos la “prosperidad” que consiste en colaborar contigo y poner nuestros dones y tareas al servicio de los demás.

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