Gratitud. Vivir las huellas de Nazaret en nuestros orígenes

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A raíz de la pandemia por la COVID-19, este viaje a los orígenes de la Congregación, para la formación hacia los votos perpetuos, no fue posible en el 2021 año en que fui admitida a la Profesión Perpetua. Estaba a la espera, anhelando escuchar que ya era el momento para iniciar este proceso. Al tener luz verde y la fecha para comenzar, me dispuse a preparar el corazón para esta experiencia.

Doy gracias a Dios por todo lo que me permitió vivir a lo largo de estos tres meses, sobre todo en la tierra que vio nacer al padre Butiñá: Bañolas. Allí es donde Dios regala el germen del carisma en sus manos, ya que su infancia y juventud en el seno de su familia, el trabajo, la realidad de la mujer, no lo hace insensible y lo forja para ir preparando el corazón y el camino para el Taller en Nazaret. En este lugar sentí que la llama del carisma está más viva que nunca; y esa llama pasa a mis manos para dar lo que soy y tengo como persona, para estar al servicio en disponibilidad, humildad, con amor. No soy multifacética como padre Butiñá; aún así, siento que Dios me llama a ser fiel en lo poco. Me fue grato ver a las hermanas de la comunidad, muy trabajadoras, serviciales, cercanas a las personas y a las realidades que hoy se viven en el lugar.

Visitar Gerona y Calella fue pisar las huellas de las primeras hermanas y le di muchas gracias a Dios porque ha significado acoger, amar y creer en mis raíces vocacionales carismáticas, ya que en las dificultades de los comienzos Dios estuvo presente dando fortaleza en este sueño del padre Butiñá; y a pesar de los renglones torcidos de nuestra historia, la vida que han entregado las hermanas han permitido que hoy nosotras podamos seguir construyendo este sueño. He comprendido que nuestra vida es un proceso continuo de configuración con Jesús Obrero de Nazaret para hacer presente el Evangelio del trabajo, entregando humildemente lo que somos, haciendo el trabajo oración.

La experiencia de los Ejercicios Espirituales de mes, me ayudó mucho para confirmar mi vocación en lo que he vivido desde el postulantado hasta hoy. Para agradecer a Dios que he crecido como persona, que hay cosas que me cuestan. Sin embargo, salir de mí misma y poner la confianza en Dios me va a ayudar a servir mejor, a acoger mejor a mis hermanas.

También fue importante conocer otras comunidades como Manresa, donde las hermanas comparten su entrega en los comienzos de la comunidad y cómo dieron respuesta desde el carisma a los pobres. En las
comunidades de El Pozo y Coslada me gustó conocer cómo dan respuesta al mundo del trabajo en las pastorales que realizan de manera comprometida.

Con todo lo vivido me siento muy contenta de servir al Señor en el Taller y poder aportar en este sueño de Butiñá, de que la gente sienta que tienen sentido sus vidas de trabajo humilde, sin brillo, con el mejor compañero, que es Jesús de Nazaret para ser mejores humanos.

Le doy gracias a todas las hermanas por sus oraciones, y a la Congregación por permitirme tener esta experiencia.

Ruth González, fsj


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