Escuela de Santidad

Es una obra destinada a lo que hoy llamaríamos Pastoral de la infancia o de la juventud. Pretende ser una guía o manual para quienes están encargados de la catequesis de niños y niñas, en especial, aquellos que se preparan para participar por primera vez de la Eucaristía. En el prólogo del libro, que transcribimos a continuación, se percibe su deseo de contribuir al “cultivo de la juventud”, y lo hará ofreciendo el camino espiritual por él más conocido, los Ejercicios Espirituales, adaptándolos convenientemente.

 

“Muchos y variados son los libritos de Ejercicios espirituales que corren en manos de todos y están destinados al cultivo de los niños, señaladamente de los que se quieren preparar con algún esmero a recibir fructuosamente la primera Comunión. Mas si el número y variedad de tales producciones se han de medir por la importancia del objeto, y con el fin de acomodarse a todos los gustos, nunca serán tan numerosas ni variadas, que por lo menos no sea digno de indulgencia el que contribuya con nuevo trabajo a facilitar práctica tan provechosa”.

“Es verdad que este trabajo se deja para el director en vista de las circunstancias, que rodean a los niños, a quienes deben ejercitar; mas si éste lo encuentra ya bien desmenuzado, se administra el pan de la palabra con mayor facilidad y se recibe con más gusto. Esto es lo que he procurado hacer con mis escasas fuerzas. He intentado poner las principales verdades de los Ejercicios al alcance de los jovencitos, y con estilo, si se quiere, pueril condimentarlas de manera que agraden a los más rudos y se graben en sus tiernos entendimientos y corazones: he acopiado semejanzas, parábolas y ejemplos, con que excitar la curiosidad y atención de los ejercitantes; y hasta tal vez me he dilatado con demasía, ya para que los más ligeros y distraídos con la abundancia no se queden en ayunas, ya para que el director tenga mayor acopio, de que escoger para su plan y ejercicio. He procurado, con todo, poner dichas verdades no tan deslavazadas, que no plazcan ni aprovechen igualmente a mancebos de mayor edad. A estos también consagra esta mi producción, deseoso de que el fruto sea más general y abundante.

Para juzgar de mi acierto, no apelaré al tribunal de los que pretenden pasar plaza de sabios, los cuales suelen reírse de lo que llaman futilidades pueriles: apelo a los que tengan a su cargo la educación de niños, y aún a los niños mismos, a quienes dirijo este mi trabajo.

Expuesto ya el fin, que me propongo, debo decir cuatro palabras a los directores, que deseen aprovecharse de estos Ejercicios, Escuela de santidad. De dos maneras pueden servirse de ellos: o bien leyéndolos a los niños en los colegios o parroquias, y en este caso se han de decir como están escritos; o bien tomándolos como arsenal, donde proveerse para hablar a los ejercitantes, y en este caso importa mucho, después de haberse hecho cargo de su contenido, hacer que los niños y niñas respondan en alta voz a algunas preguntas del discurso. Con esto se consigue no solo que pongan mayor atención a lo que se les dice, sino también que lo oigan con mayor gusto y entusiasmo (…)

El canto es otro de los elementos que ayudan poderosamente a tenerlos alegres y entusiasmados. Con este objeto se ponen al fin algunos cánticos para la misa de Comunión, que se deben ensayar todos los días, si ya no se ha hecho de antemano (…)

Lo que importa es que todos contribuyamos con nuestras fuerzas a impedir la ruina del edificio social, que se está desmoronando, y nada hay para ello más eficaz que el cultivo de la juventud. Y basta de preámbulo. El Señor nos dé a todos esfuerzo y constancia para trabajar por su gloria y bien de las almas”.

 

F. Butiñá, Prólogo de “Escuela de Santidad”