Permanecer en el amor

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Con el corazón llenito de gozo y gratitud, quiero compartirles esta gran alegría por mi consagración. Empiezo compartiendo con ustedes algunas palabras de la homilía de Julio Arieta, Sj. Sacerdote que ha celebrado la Eucarística de la profesión el día 11. Esto que me ha resonado, que acojo como invitación y llamada de Dios:

“La vocación, el llamado, que es don de Dios, principalmente el fruto de la vida espiritual, es un constante permanecer en el amor de Cristo desde lo más profundo de nuestro corazón. Donde se mueve el amor sincero, abierto, que lleva a donar la vida; como Cristo, que Ama y es el maestro del amor. Desde Cristo podemos distinguir lo que es el verdadero amor que se dona así mismo hasta la cruz, que toda su vida es salir de sí mismo en un éxodo constante, para poder servir y sobre todo a los más necesitados, los más pobres, en el mundo del trabajo, de la mujer trabajadora pobre.

Somos fortalecidos al centrar el corazón en el Amor en Cristo, si no, nuestro servicio como religiosa se va por otro lado. Si no hay amor, no hay nada”.

Acojo todo ello, reconociendo que Dios nos ama y nos llama, nos llamó a la vida y nos llama a ser testigos de su Reino. Nos reúne y nos convoca, nos invita a salir a su encuentro, a caminar más de cerca con Él; y me invita a dar y compartir la vida. El amor que nos ofrece Jesús es tan grande, que sobre pasa fronteras y crea puentes de unión, de fraternidad.

Doy gracias al Señor por el don de la vida y la vocación Josefina; por llamarme cada día a ser partícipe del proyecto que Él tiene para mí; por todas mis hermanas de Congregación, que compartimos la vocación, el seguimiento a Jesús en el Taller. Somos buscadoras de Dios en lo cotidiano, en lo humilde, en los pobres, en el trabajo. Doy gracias a Dios por mi familia que me acompañó desde Colombia, y por tantas personas que de una u otra manera me acompañaron. Haciendo memoria especial por dos seres queridos que ya se han ido a la casa del padre: mi mamá, Anita Mancera, me duele su partida, pero sé que desde el cielo me bendice, me abraza, me acompaña y celebra conmigo. Rosario Suárez, mi maestra de Postulantado y amiga de vida, que me acompañó el tiempo de la formación y me dio luz y semilla para seguir sembrado el camino al que Dios me va invitando.

Doy gracias por todas las personas  que a lo largo de mi vida, me han acompañado y animado en la fe, y me han ayudado a ir respondiendo al llamado que Dios me hace. Estoy inmensamente agradecida con Dios y con cada uno de los que me han acompañado en la oración, en la cercanía que ahora con todos estos medios tecnológicos acortan la “distancia”, y han compartido conmigo este momento especial e importante para mí.

Esta consagración que he hecho y que le pido al Señor renovar cada día ese SÍ, sin duda alguna, es un regalo inmenso, donde segura y convencida que Jesús el Artesano de Nazaret me sigue invitando a entrar en el Taller. Para que así desde mi día a día, pueda reconocerlo y alabarlo en medio del trabajo.

Que a ejemplo de Santa María de Guadalupe pueda seguir viviendo con alegría el servicio en el taller y pueda proclamar las grandezas que el Señor ha hecho en mí. Le sigo pidiendo a Jesús nuestro gran maestro de Nazaret la gracia de recrear el Taller junto a Jesús María y José, y me ayude a ser buena Hija de San José. Que pueda contagiar la alegría de vivir y servir desde el seguimiento a Jesús, y compartir el Evangelio desde la misión a la que iré. ¡Que pueda permanecer en su Amor!

Un abrazo grande y josefino para todos y todas.

Angie Paola Castro, fsj

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”

Papa Francisco

 


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