Viernes Santo

ORAR ANTE EL CRUCIFICADO

Para este tiempo de oración, te proponemos situarte muy cerca de la ventana de tu casa. Mirando hacia fuera, la soledad de las calles nos recuerda que vivimos un Viernes Santo muy especial. En otras ocasiones, podríamos estar distraídos… como mirando de lejos el dolor del mundo. Hoy lo tenemos muy cerca, quizás incluso con nombres concretos de conocidos, amigos, familiares, nosotros mismos… Y, en todo caso, contemplamos con preocupación las cifras del Covid 19, que todavía no dan tregua.

Si ante todo esto, surgen en ti demasiados temores y preguntas, mira la Cruz. No es el dolor por el dolor. Es la Pasión asumida por amor a la humanidad. Es la encarnación llevada hasta sus últimas consecuencias: la convivencia entre nosotros representaba ese riesgo, que los hombres mueren y los hombres matan. Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, no temió “contaminarse” con nosotros, para mostrarnos un AMOR más fuerte que la muerte.

 

PALABRA DE DIOS:

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18,1–19,42).

 

 

 INVITACIÓN A CONTEMPLAR:

“Mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37b).

“Demandar lo que quiero; lo cual es propio de demandar en la pasión: dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas, pena interna de tanta pena que Cristo pasó por mí” (San Ignacio de Loyola, EE 202).

Escoge una escena de la Pasión y detente en ella… Mira con atención los detalles, las personas, lo que sucede, lo que dicen, a qué huele, lo que podrías casi tocar…. No es el momento de hacer razonamientos. No es tampoco momento de hacer examen de conciencia. Es momento de quedarse en silencio, acoger, contemplar, sin hablar mucho… sin hacer nada… Solo estar acompañando a Cristo en su Pasión.

Jesús muere como había vivido: entregando, perdonando, orando, velando por los otros más que por sí mismo…

Jesús no va a la Pasión como un héroe, sino como un Hijo desconcertado y confiado. Su valentía no está en correr tras la muerte, sino en no huir de ella. Es la experiencia del abandono en la pura fe.

El sufrimiento, el dolor, la muerte… Esta es la gran pregunta que, a veces, nos hacemos sin saber qué responder. Jesús no da una explicación teórica. En lugar de explicarlo, pasa por ello. Desde la fe, uno puede sentirse aliviado y acompañado por ese Dios que sufre con nosotros.

Mira y contempla como al pie de la cruz estaba María, acompañando silenciosamente a su Hijo… Y desde el Cielo, junto a Dios Padre, seguramente, también acompañaba San José…

SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

No me mueve, mi Dios, para quererte

el Cielo que me tienes prometido

ni me mueve el Infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.




Tú me mueves, Señor,

muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas, y tu muerte.




Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que, aunque no hubiera Cielo, yo te amara,

y, aunque no hubiera Infierno, te temiera.




No me tienes que dar porque te quiera,

pues, aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.


Tomado de la Congregación de los Sagrados Corazones

Vía Crucis musical (Grupo Hakuna)