San José, modelo en tiempos de pandemia

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El Papa Francisco no pierde ninguna oportunidad para recuperar aspectos de la vida cristiana que quizás no teníamos o no tenemos suficientemente presentes y actualizados. Así, con motivo del 150 aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal de la Iglesia, ha promulgado un año dedicado a su figura. Además, concluye que puede iluminar nuestra espiritualidad en tiempos de Covid-19.

De hecho, aunque el papel de José, parece muy poco relevante en la historia de Jesús, tal y como se presenta en los evangelios, su lugar y sus tomas de decisión resultaron fundamentales para la vida y la misión de su hijo Jesús. El Papa lo define como un “trabajador siempre a la sombra” y añade que sus actitudes tienen el carácter de audaz valentía. Así se nos presenta cómo un modelo actual en estos tiempos en que nos resulta tan difícil combinar el equilibrio y paz interior, con el esfuerzo, a veces sin resultados visibles, para sobreponernos a las inmensas dificultades personales y sociales de nuestra sociedad convulsa, confusa, y encerrada en un bucle de desconcierto y de falta de imaginación. No se trata de sobrevalorar la incertidumbre que padecemos local y globalmente, pero es verdad que una epidemia que nos sobresaltó y que aspirábamos a controlar y superar en poco tiempo, cada vez se nos presenta cómo una realidad que no podrá tener una fácil solución y que ha venido para quedarse con efectos negativos duraderos. La novedad es que esto antes sólo les pasaba a las personas que viven en regiones empobrecidas y ahora también nos toca directamente a nosotros, poblaciones del del norte, que vivimos por encima de la sostenibilidad global y consumiendo lo que esas poblaciones deberían disfrutar también de manera justa. Y surgen los miedos y muchas preguntas.

Las mismas preguntas, quizás, que se hacía el bueno de José que tomó decisiones graves sin tener la garantía de que hacia lo correcto y que era justamente lo que el Señor le pedía. Decisiones personales que tuvo que asumir en soledad y aceptando con extrema confianza la fidelidad y el amor de su esposa. Fuera de sus íntimas convicciones, no reparaba en lo que pudieran juzgar los demás. Asumía todas las consecuencias y todos los problemas que pudieran surgir por tomar el camino de la responsabilidad para con la familia de Nazaret.

¿Cuál podría ser la espiritualidad que nos ofrece el modelo de José? La toma de decisiones arriesgadas escuchando profundamente la llamada de Dios que nos indica dónde y cómo debemos llevar a cabo nuestra misión.
La escucha interior de lo que Dios nos propone a pesar del ruido exterior y la penumbra en la que se mueve la conciencia. Cuando se toma un camino después del discernimiento, no se puede mirar atrás. Los mensajes que Dios nos envía pueden venir de experiencias interiores, de voces externas y también de los acontecimientos en los que estamos sumergidos. Y las respuestas también hay que tomarlas de acuerdo a la diversidad de situaciones que vivimos, dejándonos llevar por la inspiración el Espíritu que es siempre creativo y está abierto a la multiplicidad.

Por tanto, hemos de construir la espiritualidad de la acogida. No lo tuvo fácil y, sin embargo, dejó a un lado los miedos y las falsas seguridades para adentrarse en el camino de aceptar riesgos. No todo lo tenia bajo control. En tiempos de pandemia debemos asumir nuestras fragilidades. Caminar a tientas o siguiendo los pequeños signos que emergen como señales de pista. Acoger el don de Dios en la propia misión y en las circunstancias en las que debemos movernos. Acoger la vida concreta, con sus sorpresas, con las demandas que las personas nos hacen inesperadamente. Es difícil a menudo hacer planes. José tuvo que improvisar y decidir, aunque sabía que no pisaba tierra firme. Una fe que se abría paso en medio de la angustia. Solo podía confiar en que los planes del Señor se cumplirían a pesar de no tener ningún mapa que lo indicara. Él era un instrumento dócil a la fuerza del Espíritu. Dejarse llevar por su aliento.

Espiritualidad de una obediencia basada en la confianza. No se trata de una obediencia ciega, sino responsable, o mejor corresponsable, porqué surge de la escucha y el discernimiento. El Señor siempre habla y llama a través de los acontecimientos. Ofrece diferentes maneras de responder y nos deja la libertad para tomar aquellas opciones que más responden a su llamada y a las necesidades de las personas a las que debemos servir. Los sueños, con su valor simbólico en la Biblia, nos hacen pensar en el lenguaje humano en el que Dios se comunica. José los supo traducir para cumplir su misión. A veces seguir algunos caminos llevan también a buscar nuevos horizontes. Salir de la propia tierra y dejar el hogar para empezar de nuevo. Y puede también que el retorno conlleve cambios.

Espiritualidad de las opciones creativas tomadas en medio de situaciones problemáticas. A menudo sólo pensamos en los terrenos ya conocidos y explorados y en repetir aquellos modelos de actuación que ya se han demostrado exitosos o seguros. Adentrarse en lo desconocido no nos resulta ni cómodo ni seguro. José no vaciló a dar respuestas imaginativas y a improvisar sabiendo que encontraría los medios para poder cumplir con el deber de proteger a la familia. Podemos descubrir cómo también el modelo de José ilumina a los inmigrantes que arriesgan todo para salvar la vida de la propia familia. Su dignidad es una llamada a acogerlos solidariamente. La valentía creativa a que hace referencia el Papa Francisco puede inspirar nuestras actitudes en estos tiempos pandémicos que se ven amenazados y nos repliegan a vivir centrados en nosotros mismos y a concentrarnos en nuestra propia supervivencia.

La devoción popular a San José siempre se ha asociado al trabajo. El trabajo de oficio manual. José, carpintero, o de persona que se dedica a tareas “domésticas”. Esa imagen también nos inspira para valorar aquellos trabajos que contribuyen directamente a la creación del hogar propio y de los demás. El trabajo como capacidad creativa como construcción de convivencia. El trabajo humano es una dimensión del hombre que le hace transcenderse a si mismo, lo proyecta a los demás y lo realiza porqué siempre necesita de la colaboración de los otros. José nos enseña lo importante del “trabajo de equipo” para emprender cualquier proyecto. La espiritualidad del trabajo para ser más persona y para ser cocreadores del mundo y de su historia.

La espiritualidad de la paternidad. De ejercerla de una manera transversal. Ser padre y ser madre como dimensiones de la identidad humana. Aprendemos a serlo a través del amor recibido de nuestros propios progenitores y de aquellos que de alguna manera han intervenido en nuestra vida, estableciendo relaciones de orientación, de discernimiento, del compartir tareas comunes. José aprendió a ser padre con todas las consecuencias y con todas sus capacidades y debilidades. Unas relaciones líquidas, sin compromiso, sin apostar la propia vida, llevan también a una sociedad sin referentes y sin anclajes personales que son los que favorecen el crecimiento personal.

De la discreción y de la sombra. Esa espiritualidad que no hace esfuerzos para publicitar sino para fecundar, para sembrar, para dejar que la luz del Espíritu haga su trabajo. La construcción del Reino de Dios no necesita reclamos ni muletas sino confianza en que la fuerza de Dios moverá lo que haga falta, regará la tierra reseca, podará las ramas que ahogan, y abrirá surcos nuevos en la tierra de la esperanza. La sombra de José acompañó la vida de Jesús y de Maria. Dejó que el sol del Espíritu guiara todos sus pasos.

Josep Maria Fisa
Consiliario de Justícia i Pau Barcelona


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