Un día en Nazaret aceitunero

El descanso del silencio, el canto del grillo, el chasquido cuando el viento choca contra esa ventana rota, atascada, bien encajada con viejos trapos, para que no deje pasar el frío…

Suenan unos pasos acelerados y amanece un olor que, por mucho que no quieras despertar, te despierta.

-Vamos, – dice José – las migas ya están hechas.

Pero Jesús aún no espabila.

María ya pone la mesa. Es una tabla con cuatro piedras que parece un altar, con tan esmero puesta, para ofrecer esas migas tan buenas.

Ya despierto, Jesús con las manos coge una cuchará. Tiene la boca de migas llena. María lo mira, él amaga la cabeza. “Claro, como José lo deja”…

Ya dispuestos a salir, María olvida la merienda. José prepara la mula, Jesús corre y se la lleva. Los tres esperan en la puerta a que el día amanezca. En medio del silencio, se escucha un rumor: “Padre salimos a la faena, te ofrecemos en este día el trabajo, sudor, alegría, penas, damos gracias por tu amor, la mejor estrella del Padre Dios en nuestra tierra”. María y Jesús amagan la cabeza, dicen: “así sea”.

El camino es largo, la escarcha espesa, José tira de la mula, está inquieta: “Claro, con tanto frío…” Se resbala, no acelera.

Allí van José, María, Jesús y la mula muy contenta. Se escucha, al caminar, el canto de los pajaritos, los ángeles, las flores y la hierbas. Amanece un día blanco con niebla.

Ya en el tajo, José descarga el mulo, que todo lo necesario lleva. María recoge leña, Jesús mira al cielo, se ríe, ya empiezan.

Extienden los manteos, José varea, María con su espuerta recoge el salteo que queda. Así pasan el día con risas, juegos… Se comen un hoyo que es pan, aceite y bacalao. La mula come avena.

Pronto pasa el día. A Nazaret regresan contentos. Llegan a casa cansados de tanta faena. Escuchan a alguien tocar a la puerta: es que, de camino, van dos jóvenes hacia la aldea. No tienen donde pasar la noche, uno cayó en la cantarera. María los acoge como hijos a su vera, José les da abrigo, Jesús escucha sus penas.

Los tres dan gracias a Dios, de rodillas rezan. José acaricia la mula, la prepara para otro día. María lava la ropa. Jesús enciende el chisco para preparar la cena. La gallina puso dos huevos, así que José se come las sobras que dejó en la talega..

Se van contando el día con risas, con amor. Nazaret se ilumina desde fuera.

¡Cuántos quisiéramos estar en ese calor que nos espera! Se van a dormir temprano, mañana de nuevo a la faena. Jesús, José y María, sed nuestro amparo y defensa.

vicki

Victoria Susi Quesada

Pulpí, Almería (España)