Gólgota

Reina en mí la oscuridad,

pero en Ti está la luz;

estoy solo, pero Tú no me abandonas;

estoy desalentado,

pero en Ti está la ayuda;

estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;

la amargura me domina,

pero en Ti está la paciencia;

no comprendo tus caminos,

pero Tú sabes el camino para mí.

Dietrich Bonhoeffer

Si la vida de Jesús cuestiona, la muerte de Jesús deja una gran pregunta. La pregunta de todos los tiempos, la que muchas veces se hicieron los hombres y mujeres del Antiguo Testamento: “¿Por qué sufre el justo?” La pregunta que siguen haciéndose muchos de nuestros contemporáneos, y también nosotros mismos. La pregunta que hoy nos hiere profundamente, en esta situación de pandemia en la que las cifras de muerte asustan y paralizan.

Jesús, el Hijo de Dios, no respondió a esa pregunta. Jesús pasó por ella, la vivió desde dentro, la sufrió, porque así la sufren miles y millones de seres humanos, por las más diversas causas.

PALABRA DE DIOS

Viendo el centurión que estaba frente a Él, la manera en que expiró, dijo: En verdad este hombre era Hijo de Dios.

Mc 15, 39

Contempla…

Cuando Jesús muere es un soldado romano, un pagano, el que se ha dado cuenta de lo que ha pasado y reconoce, en el rostro de Jesús, desfigurado por los golpes, al Hijo de Dios.

Nos cuesta reconocer la presencia de Dios que habita en cada rostro humano. Hay muchas gentes sin rostro. Mucha gente considerada menos que humanos, seres que se pueden comprar y vender, utilizar como mercancía, mano de obra, rostros y cuerpos heridos con los que se trafica impunemente. Nos aseguramos de “ponerlos” lejos, no mirarlos de frente, que sigan siendo invisibles…

Santa Teresa de Jesús, ante la cruz, proponía un modo de orar desnudo y radical, que pasa pura y simplemente por mirar:

“No os pido ahora que penséis en Él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento: NO OS PIDO MÁS DE QUE LE MIRÉIS”. 

Mirar al crucificado, mirar a los crucificados… La Pasión pide contemplación… No es posible acceder a ella con razonamientos, sino desde el afecto, sabiendo “estar” ahí. Por eso, en este día, nada tan importante como adorar la cruz, permanecer ante ella con una gran libertad de Espíritu, como quien se dispone a perder. Ante la cruz somos invitados a descentrados, a dejarnos afectar por el dolor de otro, el dolor de Jesús, el dolor del mundo… Y también somos invitados a dejarnos iluminar en nuestro dolor.