147 años

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Cuando toca celebrar un cumpleaños, sobre todo si es de alguien querido o cercano, nos alegramos por ese misterioso aliento cotidiano que hace posible toda vida… Por eso, parecería una contradicción a tanta gracia recibida, esa costumbre que tienen algunas personas de ‘quitarse años’, de querer ocultarlos, de buscar disimularlos… como si ellos fueran una carga, más que una bendición. Porque los años son eso: una bendición… es Dios que ‘’dice bien’’ de lo que ha creado, de lo que somos, con nuestras luces y sombras, con nuestros desvíos y acertadas en el camino… Somos creadas – y recreadas a cada instante- para alabar, hacer reverencia y servir en lo cotidiano a este Dios pura Vida, que, además, ‘’nos da cada día la posibilidad de responder a nuestra vocación» (Const. 12). Cómo no contar entonces, cada año de nuestra vida, cada mes, cada momento, que estamos regaladas? No dejemos fuera nada de los que nos ha acontecido, aún lo no tan bueno, hasta lo doloroso, todo ello es parte de nuestra historia de salvación.

Estamos a unos pocos días de haber celebrado un nuevo ‘cumpleaños’ de nuestra Congregación, concretamente 147 años…y seguro que para cada josefina es tan valioso cada año y cada acontecimiento personal y comunitario, que no se nos ocurriría quitarle años para que parezca más joven. ¿Para qué? Al contrario. Son 147 años car-gados de vida, de entrega, de gracias, de siembra y de cosecha…

Aunque ya hemos celebrado, nos hemos dicho ‘feliz día’, hemos recibido saludos de nuestros queridos laicos de los grupos y de toda esa gente cercana que se va sumando a nuestra historia en algún recodo del camino, será bueno contemplar esta imagen tan sencilla de UN REGALO y pensar qué representa personalmente hoy, la VIDA de la Congregación…Y lo maravilloso de este regalo de vida congregacional es pensar que tenemos dones que hoy disfrutamos, digamos que ‘indirectamente’, porque Dios se los regaló a otras hermanas, a ‘las Primeras’, pero tal vez a las octavas o a las vigésimas, quién sabe…y hoy todo, absolutamente todo, es motivo de gratitud. Todo cuenta y todas contamos en el camino. Las curvas, los llanos y las subidas, las piedras y el asfalto que facilita el paso. Todo recibido como don y tarea. Las Hijas de San José tenemos ya ‘un montón’ de años. 147, ¡gracias a Dios!