Domingo de Ramos

Salgamos a la ventana, al balcón, a la terraza, a la puerta…. aclamando a Jesús, el Señor del Universo, con cánticos y salmos inspirados.

Bendito el que viene a traernos la PAZ, a unirnos en hermandad, en solidaridad. En este momento de la historia de nuestra humanidad, unidos desde nuestras casas, aclamemos a Jesús, Rey del Universo, agradeciendo su amor misericordioso, fiel a su Alianza con nosotros.

Agradecemos el don de la familia, de la fraternidad, de la amistad, de navegar juntos en la misma barca y nunca estar solos. Él siempre nos espera con los brazos abiertos. Nos quedamos en casa, celebrando esta fiesta que suele ser tan popular y alegre en sus procesiones, cánticos,  palmas… Aclamemos a Jesús con los medios que hoy tenemos.

Palabra de Dios: Mt 21, 1-11

Cerca ya de Jerusalén, al llegar a Betfagé, en las proximidades del monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos con este encargo: “Vayan al poblado de enfrente, al entrar, encontrarán una burra atada con su borrico al lado; desátenlos y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, dirán que el Señor los necesita, pero que en seguida los devolverá”.

Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice el profeta: “Digan a la hija de Sión: Mira, tu rey viene a ti, humilde y sentado en un burro, en un borrico, cría de un animal de carga”.

Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les mandó: trajeron la burra y el borrico; pusieron los mantos sobre ellos, y él montó encima. El gentío, que era muy numeroso, extendía sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de árboles y las extendían por el camino. Y la gente que iba adelante y atrás gritaba: “Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en las alturas”.

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se alarmó y se preguntaban: “¿Quién es este?”

La gente respondía: “Es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea”.

Pistas para profundizar:

El nombre de Jerusalén procede de las palabras  yerusha (“casa”) y shalom (“paz”) por lo que significa “casa de la paz”. Con este telón de fondo, se  percibe mejor la profundidad de esta escena. Jesús se presenta como portador de Paz, de esa Paz que solo Dios puede dar y que necesitan urgentemente tantas personas del mundo.

Además, este texto nos dice mucho sobre el modo de proceder de Jesús: la sencillez, la humildad. Jesús no entra en Jerusalén “pisando fuerte”, como podría hacerlo un jefe poderoso. Jesús elige una cabalgadura humilde y se alegra ante el homenaje espontáneo de las gentes sencillas de Jerusalén que le ofrecen lo que tienen a mano: sus propios mantos, ramas de olivo y palmas. Contemplemos así a Jesús, portador de los dones de Dios, no desde la imposición, sino desde la humilde invitación. Escuchemos de labios del Maestro, como dirigida a cada uno, esta invitación: ¿Quieres seguirme a Jerusalén?

Gesto:

Salgamos al balcón, a la ventana, a la terraza de nuestra casa… agitando un ramo de ramas verdes (o un pañuelo, banderilla o listón verde…) y hagamos una proclamación que nos unifique en un canto.