Para el encuentro siempre hay tiempo

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Compartimos como grupo de Talleres y animadores de los grupos Nazaret de Burzaco la experiencia de un nuevo encuentro – campamento en Rauch, ciudad en la que la presencia de tantos años de las Hijas de San José dejó huella honda, y que hoy seguimos manteniendo como Familia Josefina.

Para nosotros tener a Rauch como destino es volver una y otra vez a nuestras raíces vocacionales personales y grupales. El lugar del campamento, el Parque Juan Silva, es testigo de encuentros profundos con el Dios de la Vida, fundamento claro de nuestras opciones, sueños y proyectos.

A modo de compartir un poco las expresiones de los que participamos, transcribimos la evaluación que hicimos finalizado el Campamento. Ojalá puedan leer entre línea el ritmo del corazón de Dios en todas nuestras cosas. Este tiempo de trabajo – descanso, este tiempo de encuentro entre nosotros, con la naturaleza, con todo lo que somos, lo leemos e interpretamos como tiempo de espera y salvación…tiempo de reposar, decantar, y volver a mirar el horizonte juntos, con todo lo que el Señor pone en nuestras manos.

Fue muy lindo volver a reencontrarnos, conectarnos con la naturaleza, con tantos recuerdos y momentos compartidos de alegrías, de risas, de vida en familia. Elegimos como símbolo el sol que nos ilumina, el campo porque nos recuerda los inicios y aquello que siempre nos une, el sentido de familia (Flia Viggiano).

Estos días fueron algo inimaginable para mí. Siempre dije que Nazaret era la familia con la que elijo vivir y este campamento me hizo reafirmarlo. Ja- más dudé de que la iba a pasar mal, pero tampoco pensé que iba a ser tan lindo, no me arrepiento de haber aceptado la invitación. Como símbolo elegiría la paz y el don de ser familia (Mica).

Fue hermoso este reencuentro en Rauch, es verdad, Nazaret es una gran familia. Me sentí muy acompañada. Gracias de corazón por tanto amor demostrado en pequeños gestos (Fabi).

Viví el campamento con el ❤️. Es tan lindo volver a lugares donde uno fue feliz. Qué hermoso es estar en Nazaret. Gracias por hacer de estos 3 días un recuerdo de esos que se guardan con alegría en el ❤️. Gracias a todos por hacerme sentir en familia (Luján).

¡Viví Rauch 2021 con el ❤️ y mucha paz! Eso que el Juan Silva tiene de so bra. ¡Siempre llena el alma volver a Rauch con la Familia Grande!! Creo que un símbolo sería el fogón. Es el momento en dónde estamos todos. Si bien los que no pudieron ir están presentes en cada instante, en el Fogón, ¡esa presencia se hace más fuerte! ¿Será la magia del fuego? (Flor).

Estos días de campamento las pasamos «genial». Nos sentimos parte de esta gran familia a pesar de ser los «nuevos» en esta experiencia compartida. Todos nos sentimos cómodos y cada uno a su manera encontramos nuestro lugar. Con respecto al símbolo, elegimos varios: una rama, una hoja, el cielo estrellado por el contacto que tuvimos con la naturaleza y el fogón, por la fuerza e intensidad con la que vivimos estos días (Flia. Aquino).

El reencuentro con mis amigas es un regalo que sólo Rauch me puede hacer. Mi corazón adolescente está allí, mi espiritualidad nazarena está allí y en cada uno con los que comparto vida y misión. Mi símbolo: el cielo estrellado tan sereno, brillante e inmenso que nos revela la presencia de Dios (Vivi).

Yo empiezo a disfrutar el campamento desde que salgo de Burzaco. La ruta me prepara el corazón para llegar a Rauch.  El detenernos a saludar a nuestros amigos es todo un símbolo de esta experiencia que construimos juntos. También es el cielo estrellado como un callejón sin fin de estrellas, iluminándonos para disfrutar de los juegos y del descanso (Ramón).

Siempre que voy a Rauch, me ayuda a terminar el año, me renueva las pilas como para seguir, y me conecta con la paz que tiene ese campo. Así que lo vivo desde la organización, el que todos hacemos todo, y no nos pasamos factura. Cada uno se siente útil al colaborar con algo. Un símbolo para mí, es un tronco grande. Ahí me puedo sentar y dejarme ir. Lo compartimos con mi esposa, y está última vez, lo compartimos con nuestros hijos. Estar ahí los cinco mirando el atardecer en el horizonte…observar y compartir…fue impagable, ¡¡casi mágico!! (Nico).

¡Para mí Rauch es mi lugar en el mundo! representa tantos recuerdos… Se respira Nazaret, es sencillez y fraternidad. Cuando nos preguntan: «¿qué hay en Rauch?» Contesto: sinceramente «nada especial», sin embargo, ¡¡¡tiene un valor afectivo tan grande para nosotros que es difícil de explicar!!!

¡Si tuviese que elegir un símbolo sería un árbol! ¡Este campamento más que nunca vi que volver a nuestras raíces, hace que el tronco se fortalezca y que los frutos ya se vean! ¡Qué mis hijos compartan nuestra espiritualidad y se nutran de ella no tiene precio! (Rocío)

Estos días de campamento los viví al máximo, intenté disfrutar cada momento que se me presentaba. Pude compartir no sólo con mi familia, sino también con mis amigas y la familia nazarena. Como símbolo yo elegiría una mesa. La mesa es símbolo de encuentro y del compartir. Siempre todos son bienvenidos. También elegiría el cielo, siempre sorprende con los colores que tiene (Abril).

¡Para mí fueron unos días hermosos! ¡Si bien no formo parte de Nazaret, me sentí muy cómoda con todos y es muy lindo ver cómo todos son un grupo y cómo disfrutan! Como símbolo elegiría el fuego. El fogón fue un momento en el que compartimos todos y simboliza para mí la llama de la fe (Lucila).

Viví estos días de campamento con mucha alegría por los amigos, los recuerdos, las historias, por poderlo compartir con mi esposo y mi hija… mi pequeño Nazaret. Un par de días después siento que el campamento es un poco vivir la sencillez del pesebre, disfrutar de lo que se tiene, compartiéndolo con quien está a nuestro lado. Un símbolo importante para mí es sentarnos juntos a la mesa, preocuparnos por servir al otro y reconfortarnos. Podríamos mejora muchas cosas, pero lo que no se cambia por nada, es disfrutar de esta experiencia con el espíritu del Taller: ¡¡Trabajo y amor para un mundo mejor!! (Roxana).

Viví estos días de campamento con mucha alegría por los amigos, los recuerdos, las historias, por poderlo compartir con mi esposo y mi hija… mi pequeño Nazaret. Un par de días después siento que el campamento es un poco vivir la sencillez del pesebre, disfrutar de lo que se tiene, compartiéndolo con quien está a nuestro lado. Un símbolo importante para mí es sentarnos juntos a la mesa, preocuparnos por servir al otro y reconfortarnos. Podríamos mejora muchas cosas, pero lo que no se cambia por nada, es disfrutar de esta experiencia con el espíritu del Taller: ¡¡Trabajo y amor para un mundo mejor!! (Roxana).

Qué lindo es sentirnos en Nazaret…en casa, en familia, en comunidad. Cuánto para agradecer. Tomamos aire juntos para seguir andando y proyectando desde este espacio que se vuelve camino sinodal aportando a la Iglesia y al mundo, los pequeños gestos de vida que como familia queremos hacer realidad.

Queremos a tiempo y a destiempo seguir apostando por esta vida entretejida…sin límites, con la fuerza del espíritu de Francisco Butiñá, que no deja de animarnos a buscar caminos nuevos en tiempos nuevos.

Grupos Talleres de Nazaret – Animadores Nazaret
Comunidad de Burzaco


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