"La vida es el arte del encuentro".

Vinicius de Moraes

La vida… Un arte que requiere disponerse cada día. Es el arte del encuentro con los otros, con la vida, con uno mismo, con Dios.

La oración es, también, un arte. Un arte que alcanza la sensibilidad del que se implica. Un arte que afecta a la vida, que parte de la vida y a ella vuelve. Un arte que también significa encuentro con uno mismo, con los otros, con la vida, con Dios.

Un encuentro que dispone, que inquieta, que interpela, que desinstala… Un encuentro que pacifica, que serena, que fortalece… Un encuentro, no siempre fácil, pero siempre al alcance. Un encuentro con el horizonte de la vida. Y a la vista del horizonte, dialogar con Alguien, descansar en Alguien, pelear con Alguien, confiarse definitivamente en Alguien.

Orar es una aventura que requiere tiempo, uno de los más preciados bienes de este siglo XXI, que tan ocupados y preocupados nos alcanza. Orar requiere, además, una buena dosis de valor, afecto y deseo.

Orar es algo que puede formar parte de lo cotidiano, como respirar, comer, amar… Más aún, es una necesidad que forma parte de lo humano, porque lo más genuino que nos caracteriza es la necesidad de buscar, la sed de encuentro. Y de ENCUENTRO, con mayúsculas, que dé horizonte y sentido a la vida.